HISTORIAS DE DOLOR Y VALOR: SOBREVIVIR AL ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA

ANA LAURA ROSAS BUCIO

“Situaciones de mucho dolor sostenidas en el tiempo

Pueden comprometer la salud física y mental

E incrementar el riesgo psicosocial”

“Tenía 4 años cuando todo empezó…. Mi tío, empezó por tocar mi cuerpo, con caricias que desde siempre sentí inadecuadas, no sabía porque, pero sabía que no me gustaban, me hacían sentir mal. Con el tiempo todo fue empeorando, fue mas brutal, mas violento. Todo terminó después de que él me llevo a abortar. Estaba furioso. Pero jamás me volvió a tocar”.   

Sara (25 años), abusada sexualmente por su tío desde los 4 a los 13 años.

“Yo solo quería los juguetes que dijo que me daría, yo no sabía lo que él iba a hacer. Le conté a mi familia lo sucedido y me regañaron, había sido mi culpa por querer tener más juguetes de los que tenía. ¿cuáles?, yo solo tenía una pelota y un peluche, y yo quería la autopista. Durante años me sentí culpable por ambicionar más. Yo solo tenía 5 años cuando pasó. El vecino de 40 años me engañó para llevarme a su casa y me violó. Y todos dijeron que era mi culpa. El destruyó mi infancia y aún después de todos los años que han pasado, no he podido recuperar mi vida, sigo sintiendo que no puedo pedir nada.. que no merezco nada.”

Alfredo de 32 años, abusado sexualmente por un vecino y maltratado física y emocionalmente por su circulo cercano al no creerle ni apoyarlo

Historias como estas son desafortunadamente más frecuentes de las que imaginamos. Sara y Alfredo como muchas otras mujeres y hombres que sufrieron abuso sexual en la infancia, no le contaron a nadie sobre su experiencia o la contaron y no les creyeron o no recibieron apoyo alguno para poder salir de esa situación de abuso. Y aunque el abuso en algún momento terminó, las secuelas de esta terrorífica experiencia se quedaron y hoy que son adultas o adultos con grandes y graves consecuencias de esas experiencias cometidas por jóvenes y adultos que abusan no solo el cuerpo de niñas y niños pequeños, sino abusaron de la inocencia y/o traicionaron la confianza de las y los pequeños. Y desafortunadamente todavía existen adultas/os que ponen en duda el dicho de las niñas y niños y con esto también traicionan la confianza y lastiman enormemente la seguridad de sus pequeños. 

Ningún niño o niña va a inventar historias tan terribles. Y lo único que pasa es que, al no creerles, o al no mirar cómo nuestras infancias reaccionan y cambian sus comportamientos o se ven gravemente afectados por el abuso, los dejamos solos. Teniendo que lidiar con agresores sexuales en casa y vulnerables a que otros adultos se acerquen y vuelvan a dañar. 

En historias como las de Sara, una pregunta recurrente que me hacen es ¿y su mamá?, ¿porque no la protegió?, y yo antes de responder estas interrogantes diría, ¿y porque su tío tenía que traicionar la confianza de su cuñada, cuando se ofreció a apoyarla al cuidado de su sobrina mientras ella trabajaba?, o ¿Por qué abusó sexualmente de la niña?, ¿Por qué no se detuvo? Si bien es cierto, debemos estar al pendiente y cuidar a nuestras niñas y niños. Pero ¿porque no cuestionamos a quien lo hizo primero, a quién traiciono la confianza y cometió el abuso?

Las consecuencias de haber vivido abusos sexuales en la infancia son muchas y variadas, son experiencias traumáticas severas que dañan la salud física, mental y relacional de las personas, daña su sentido de seguridad y control, afecta la autoestima, su sexualidad, su confianza en si mismos y en los demás. Sobrevivir a un abuso sexual en la infancia requiere de tanta fuerza y valor, porque muchas veces lo tuvieron que hacer solas. Son sobrevivientes, son personas que permanecieron vivas y que mantienen su capacidad funcional mientras enfrentaron dificultades graves. Ser sobrevivientes significa que existen, que siguen aquí y que, aunque en su historia hubo alguien que quiso dañar, y borrar su existencia siguen aquí valientes, enfrentando la vida y en muchas ocasiones no solo existiendo, sino logrando, viviendo, trabajando, haciendo familia, amando, cuidando y ayudando a los demás. 

Viviendo vidas llenas de valor. Sus existencias son poderosas. Porque a pesar de sus historias de dolor, donde en ningún momento y en ninguna circunstancia lo sucedido fue su culpa, han podido continuar su existencia. Una existencia con dolor por lo sucedido, pero también con valor. Curar el dolor es posible, recuperarse es posible. No son las “Saras” y los “Alfredos” los que tienen que sentirse avergonzados, son el tío y el vecino quiénes deberían preguntarse: ¿Por qué hacen lo que hacen? 

Sobrevivir no es fácil, recuperarse tampoco, pero cuando las “Saras y Alfredos” de mundo se encuentren con personas que no los culpen, que no los juzguen, que les crean y que estarían dispuestos a defenderlos, entonces van a vivir bien y felices. Y tal vez cuando pase esto “los tíos y los vecinos” empezarán a tener miedo de ser descubiertos, y busquen ayuda para resolver sus enfermizas y delictivas prácticas

“Nunca pensé que me recuperaría de lo que mi papá me hizo, el abuso sexualmente de mi casi por 4 años. No podía tener sexo, no confiaba en los hombres, no me sentía feliz. Pero haber llegado a terapia, encontrar quien me creyera alivió mi dolor. No estaba loca, no lo había inventado, sucedió, pero ahora ya es pasado. Decir la verdad y que te crean alivia, alivia mucho el dolor.”

Yessy, 31 años. Sobreviviente de abuso sexual en la infancia

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