JUEGOS SEXUALES EN LA INFANCIA

Ana Laura Rosas Bucio

“El juego es la forma más elevada de investigación”

Albert Einstein

Jugar es una de las actividades fundamentales para el desarrollo integral de los niños y yo diría, de todos los seres humanos, El juego permite explorar el mundo, desarrollar habilidades sociales, emocionales, así como de construir su identidad. A través del juego, las y los niños aprenden a resolver problemas, a tomar decisiones, a comunicarse y a cooperar.

El juego es mucho más que diversión, es una herramienta indispensable para el aprendizaje en todas las áreas. Nos ayuda en la escuela, en la casa, nos permite aprender a socializar y a desarrollar habilidades emocionales. ¿Porque no habría de participar el juego en nuestro desarrollo psicosexual?

En la infancia es común que algunos juegos impliquen exploración corporal tanto en solitario como junto a otras niñas y niños. Los juegos sexuales en la infancia se refieren a conductas que muestran niñas y niños entre los tres y seis años como parte de su desarrollo, ya que de esa manera se relacionan con el cuerpo, con sus funciones, ensayan sus limites corporales, conocen y comprenden conceptos como “lo público”, “lo privado”. 

Cuando las y los niños son pequeños es muy natural que los aprendizajes se den a través de experiencias ya que aun no cuentan con lenguaje completo que les permita preguntar, y aclarar sus dudas e inquietudes. 

Algunos autores e investigadores hablan de que existen juegos sexuales saludables y no saludables. Yo prefiero llamarlos por su nombre y decir que existen juegos sexuales (los saludables, los que aportan al bienestar, aprendizaje y diversión a las niñas y los niños) y las experiencias de abuso sexual (disfrazados de juegos sexuales, o los llamados no saludables) 

Veamos las características de lo que es un juego sexual saludable. Estos juegos son espontáneos, la participación en estos es voluntaria, se llevan a cabo entre niñas y niños que se conocen y de edades similares. Las y los participantes no muestran sensaciones de incomodidad, malestar, miedo o vergüenza. Suceden con poca frecuencia, y jamás se establecen prohibiciones a comentarlos o que fueran un “secreto” entre ellos. Son juegos que implican exploración y observación como su base más importante.

En las experiencias de abuso sexual o juegos sexuales no saludables existen amenazas, forcejeo o actos de violencia (física, verbal o emocional, además de contactos sexuales forzados). Incluyen acciones que no corresponden con la etapa del desarrollo, ya que en realidad son la imitación de actitudes sexualmente explícitas. Las personas que llevan a cabo los juegos son de diferente edad, y en el caso de que fueran de la misma edad, se tienen que cumplir con el uso de la fuerza o amenaza y/o comportamientos más allá de la exploración (intento de penetración, actos que impliquen la simulación o el acto de “sexo oral, anal”, etc.)

Hay uso de poder para establecer ventajas entre unos y otros, no existe la posibilidad de poder detener el juego, o de que se pueda jugar a otra cosa. Y las reacciones emocionales de las y los niños ante el juego es de enojo, ansiedad, tristeza, vergüenza, culpa, daño o desagrado, además de reportar en ocasiones dolor físico, molestias,

Ante este tipo de experiencias es importante creerles a los niños y ponerlos a salvo, ya que en realidad no están “jugando”, sino están siendo víctimas de abuso sexual. Solicitar apoyo médico, psicológico y legal sería lo conveniente en estos casos. 

En el caso de juegos sexuales en la infancia es importante que como padres, profesores o adultos cercanos a las y los niños evitemos censurar, juzgar, estigmatizar a los niños, sino mas bien mostrar una disposición a la escucha, a resolver sus dudas, a cuidarlos. 

Las y los niños van a tener curiosidad y preguntas frecuentes sobre las diferencias entre ellos y ellas, van a buscar explorar sus genitales, obsérvalos y notar sus diferencias, vana jugar al papá y la mamá, van a vestirse con ropas de sus padres y tener curiosidad por observar o tocar el cuerpo de los demás. 

Otras características que pueden mostrar es interés por tener novio o novia, estimular sus genitales, abrazarse, jugar al doctor o a los esposos, juegan a la casita y a tener una familia, preguntan sobre su origen y el nacimiento de los bebés.  Y todas estas son manifestaciones naturales de la sexualidad infantil, para la que debemos estar preparados para contestar, para acompañar, para saber como asesorar. 

Como adultos/as somos los responsables de la crianza y el cuidado de nuestras infancias, no podemos seguir pensando en que la sexualidad no es algo que sucede hasta la adolescencia o adultez, es nuestra responsabilidad y requiere de nuestra participación para su orientación y para permitir la comunicación, la confianza, la verdad, y el respeto. Todo en base al conocimiento científico y con el objetivo de acompañarlos para que tengan un desarrollo integral saludable donde se promueva el autocuidado, el respeto y el establecimiento de relaciones justas y placenteras. 

Busquemos asesoría para acompañar a nuestras infancias a un mejor desarrollo. 

“la maternidad, paternidad es un camino hacia la madurez y el crecimiento 

sí nos atrevemos a aprender más y a enseñar menos”

Naomi Aldort

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