Seguimos votando entre balas: la democracia mexicana bajo fuego

Por: Alejandra López Martínez

El proceso electoral 2023-2024 en México fue el más violento de la historia reciente. Según el informe Votar entre balas de Data Cívica, se registraron 130 actos de violencia contra personas candidatas o aspirantes a cargos públicos, de los cuales 34 fueron asesinatos.

Particularmente en estados como Chiapas, Guerrero y Puebla, la violencia política se intensificó, afectando la integridad del proceso electoral y la participación ciudadana.

En este periodo electoral de 2025, donde se está eligiendo de forma extraordinaria a las presidencias municipales de Durango y Veracruz, el país se estremeció con el asesinato de Yesenia Gutiérrez, candidata a la presidencia municipal de Texistepec, Veracruz, atacada mientras realizaba un recorrido de campaña. Además, el sábado 11 de mayo también fue asesinada Cecilia Rubalcaba, jefa de enfermeras y regidora en Teocaltiche, Jalisco. 

Ser política o político en México es escoger un camino difícil. No solo por el escrutinio público, sino por la importancia que ha adquirido el crimen organizado. Los políticos locales, si no han sido amenazados, han sido cooptados por el narco, y viven en un constante miedo a perder la vida, como lo hemos visto en muchas ocasiones. Tristemente, ser política o político en México es esquivar balas, físicas y mediáticas. Pues, si no viven con un constante miedo a perder su integridad física, temen que las fake news, la guerra mediática, los bots en las redes sociales y la desinformación acaben con su prestigio.

Hasta ahora, las autoridades no han esclarecido estos delitos ni identificado a los responsables. La impunidad y la inseguridad persisten como una sombra que amenaza tanto a la ciudadanía como a quienes deciden participar activamente en la vida pública. Hacer política en México, lamentablemente, sigue siendo una actividad de alto riesgo.

Y tampoco las elecciones al Poder Judicial han estado exentas de tensiones. La violencia y los señalamientos por presuntos vínculos con el narcotráfico alcanzan también a algunas personas candidatas. Todo esto ocurre en la recta final de las campañas, cuando ya deberíamos estar decidiendo nuestros votos.

Estos hechos reflejan una preocupante realidad: hacer política en México se ha convertido en una actividad de alto riesgo. Es urgente que las autoridades tomen medidas efectivas para garantizar la seguridad de quienes participan en la vida política y para fortalecer el Estado de Derecho. Solo así se podrá construir una democracia en la que la búsqueda del bien común no cueste la vida.

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