“Quiero, puedo y debo”

“De obesidad a diabetes”. 

Dr. Marco Antonio Villalvazo Molho.

Imaginen que tenemos en nuestro interior un angelito y un diablito aconsejándonos para que hagamos las cosas a su manera, dependiendo quien gane esa contienda, actuamos en consecuencia, haciendo o dejando de hacer realizar conductas. Aprender a dialogar con ambos, preguntarnos antes de tomar una decisión sobre un tema importante, si lo quieres hacer, si lo puedes hacer y si lo debes hacer.  Conocer las ventajas y las desventajas del quiero, puedo y debo, permiten hacer un balance que nos facilita tomar las decisiones conscientes, facilitándonos el camino hacia una vida más feliz, realizada, tranquila y saludable. 

La lógica es que el angelito siempre debe ganar, pero no hay algo más alejado de la realidad, generalmente el diablito ofrece satisfacción y gratificación instantánea, por ejemplo, comer el pastel aquí y ahora, mientras que el angelito ofrece una recompensa futura, por ejemplo, tener salud.  En la vida real, el equilibrio es muy importante, debemos recordar que no todo es totalmente bueno o malo. Por ejemplo; en la alimentación se debe aprender a tomar las decisiones adecuadas sobre qué comer, cuando comerlo y cada cuando comerlo para estar saludables. Mantener un diálogo interior adecuado entre el quiero, puedo y debo, nos permite comer sin culpa algún alimento no saludable en un momento extraordinario.

Referencia:

Reflexiones del autor.

Ahora les contaré la historia de una paciente que hace referencia a este tema.

AYÚDATE QUE EL CREADOR TE AYUDARÁ

Noemí es una paciente de 45 años. De estatura baja, cabello ondulado, ojos grandes y chispeantes, su arreglo personal parece descuidado. Es una madre amorosa que siempre está preocupada por el bienestar de sus cuatro hijos, él menor tiene 15 años y la mayor 23, la cual la hizo abuela hace poco. Se define como amante fiel del pan, las galletas y los pasteles. Siempre indisciplinada y sin carácter para cuidar su salud, la cual ahora es escasa. Ya se sabía con obesidad, pero ahora le diagnostiqué hipertensión y diabetes.

No olvido la impactante llamada telefónica que una tarde recibí de Noemí. “Doctor, -me dijo-; hace seis meses que no tomo las medicinas, también abandoné las recomendaciones alimenticias y dejé toda mi salud en manos de Dios, ya que estoy asistiendo a oraciones de curación. La semana pasada me saqué unos análisis de sangre y me asusté, pues el azúcar y el colesterol me salieron altísimos, por eso me debo sentir tan cansada y sin ganas de nada. Quiero hacerme otros estudios mañana. Tengo la esperanza de que los resultados salgan normales, ya que he orado mucho”. Al escuchar lo anterior, chocaron en mi mente mis creencias de fe con mi educación científica. Después de unos segundos de reflexión, le contesté lo siguiente: “El destino existe, pero tenemos la capacidad de salir a su encuentro e intervenir para modificarlo”. No podemos esperar inertes ante la vida, sólo esperando a que las cosas sucedan, para decir al final que Dios así lo quiso. Procedí a contarle la conocida historia de «Juana la creyente», una buena mujer que tenía una gran fe en el Creador, y que asistía a diario a su iglesia:

  • Llegaron al pueblo de Juana las perores tormentas de la época. Durante días enteros llovió y los ríos cercanos se desbordaron.
  • El pueblo fue evacuado a excepción de Juana la creyente, que les dijo a todos que se quedaría en su casa, ya que Dios no permitiría que muriera ahogada. Segura de su salvación, Juana se puso a rezar, rezar y rezar hasta que el agua llegó a la azotea. En ese momento se acercó una lancha para llevarla a un lugar seguro, pero ella no quiso subirse a la barca y les dijo a sus ocupantes que Dios la salvaría.
  • La creyente continuó pidiéndole a Dios con toda su fe que la ayudara. Así que cuando ya sólo le quedaba medio cuerpo fuera del agua, se acercó volando un helicóptero y le arrojaron una escalerilla para que se subiera. Sin embargo, no aceptó. De nuevo argumentó que Dios no la abandonaría. 

De inmediato le pregunté a Noemí: ¿adivine qué sucedió?, lo pensó unos segundos y contestó… Juana murió ahogada.

  • Al llegar al cielo y ver al Creador, la mujer, con gran tristeza, decepción y enojo le reclamó: “No eres como deberías de ser, eres malo, me dejaste morir”. A lo que Dios le contestó: “¡Qué más podía hacer por ti!” Primero te mandé una lancha y luego envié un helicóptero para que te rescataran, y tú no te quisiste subir”.

Terminé diciéndole a Noemí que tal vez la actividad física, la alimentación adecuada, las medicinas y el doctor equivalen al envío de la lancha y la escalerilla de salvación. 

No puedes cambiar de dónde vienes, pero si hacia donde te diriges… atrévete a influir de manera positiva en tu destino.

Dr. Marco Villalvazo

Médico General Certificado

Educador en Diabetes Certificado

Diplomado en Nutrición y Obesidad

Datos de contacto:

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