Un viajero se extravió en el desierto y casi se moría de sed. Al final llegó al mar y en su desamparo trató de beber el agua salada. Cuando se dio cuenta, que el agua de mar no le iba quitar su sed, hundió sus manos en la tierra y gritando a Dios pidió su misericordia. En este momento descubrió no muy lejos de él una pequeña palmita de un verde fresco. Obviamente la planta había logrado vivir muy bien en el ambiente agreste de arena y agua salada. En su coraje, reclamando la injusticia tomó una piedra y la lanzó hacia la palmita. La piedra le pegó duramente, le quebró una de la dos hojitas y se incrustó en el corazón de la palma. Unos momentos después el hombre se desmayó. Horas mas tarde unos pescadores lo descubrieron y lo salvaron.
La palmita casi muere de este golpe; pero después de unos días recuperó sus fuerzas y después de unas semanas le creció una hojita nueva de verde fresco. Después de unos meses crecieron mas hojas y el tronco creció también. Años más tarde se convirtió en una palma muy alta e impresionante. Los pescadores solían juntarse alrededor de ella al atardecer para prender una fogata, platicar y tomar vino. Ellos querían sentarse cerca de la palma.
Un día llegó un extranjero y se sentó con los pescadores, escuchando los cuentos y platicando sobre sus viajes. A media noche, todos los pescadores se fueron y sólo se quedó un viejo con cabello blanco y el extranjero. Este preguntó al anciano, por qué la palma era tan hermosa e impresionante, con un tono tan duro como una piedra. El viejo le contó al extranjero la historia de la palmita y el hombre desesperado, añadió que la piedra todavía se encontraba en el corazón de la palma. El viajero se quedó silencioso y después dijo con voz baja que él era el hombre que había lanzado la piedra. Preguntó al anciano:. «Eres tan viejo y sabio, ¿Puedes aconsejarme qué hacer para que la palma me perdone?» El viejo permaneció callado por un momento y contestó. No mucho. Tú debes llevar la culpa como la palma lleva la piedra; pero si quieres, puedes hincarte y sin tocarla, pedirle perdón.
El hombre se hinco y cuando pidió perdón, se oyó un sonido como un corcho de una botella que se destapa y los dos vieron que la piedra brincó de la palma y cayó en la tierra. Llevaba tanta fuerza que hizo un hoyo profundo y llegó hasta una fuente. Después de unos momentos brotó agua fresca. Y en los meses siguientes el lugar se convirtió en un oasis tan verde y refrescante que la gente pasaba mucho tiempo ahí, para descansar bajo la sombra de la palma y disfrutar de ese lugar tan agradable. Además el oasis de la palma de piedra salvó la vida de muchos viajeros que se extraviaron en le desierto.
