Sucedió en medio de un desastre natural, por exceso de lluvia se desbordaron los ríos. Aquel pueblo comenzó a inundarse y cada vez el agua subía más y más.
La gente subía primero a los muebles, a la parte alta de las casas, a postes, árboles y techos para salvar sus vidas, las brigadas de socorro se empezaron a movilizar.
Había un hombre en el pueblo que decía de sí mismo estar lleno de fe, era un ser extraño y al igual que todos tuvo que subir a la azotea de su casa con la idea fija de que “Dios lo iba a salvar”.
Se aproximó una balsa, y los que la conducían, le dijeron que se subiera y se pusiera a salvo, él contesto, no se molesten por mí, rescaten a otros, Dios me va a salvar. La balsa se retiró y el agua seguía subiendo.
Tiempo después la armada envío una lancha, los soldados recogían a todos los que encontraban, al verlo le dijeron que se subiera, pero él dijo –olvídense de mí, Dios me salvará, ayuden a otros. La lancha se alejo y el agua continuaba en aumento. El hombre se tuvo que subir al tinaco.
Más tarde escucho el motor de un helicóptero, este se poso arriba de él y con altoparlante le dijeron que se subiera a la escalerilla, que lo iban a rescatar. El hombre a gritos les contesto, vayan a rescatar a otros, Dios me salvará.
El agua subió más y él hombre se ahogo, al llegar al cielo, muy triste y decepcionado le dijo a Dios: -yo tenía mucha fe en ti, ¿por qué no me rescataste?, a lo que
Dios le contesto: -“Yo te mande una balsa, una lancha y un helicóptero …”
