“No kings day” o cómo evitar que mueran las democracias

Alejandra López Martínez 

El pasado sábado en varias ciudades de Estados Unidos se llevó a cabo la protesta No Kings Day, con marchas a nivel nacional y millones de participantes, un reclamo colectivo de la sociedad estadounidense ante las políticas antiinmigrantes, racistas, el abuso policial de ICE y las políticas de imposición de aranceles y nacionalistas que han ido en detrimento de la economía de Estados Unidos. Esto, sumado a los retrocesos en los derechos de las mujeres avalados por la Suprema Corte conservadora, como la reversión de Roe vs. Wade, y la falta de libertad de tránsito y expresión de la comunidad hispana.

A nueve meses de haber llegado al poder, Donald Trump sigue afianzándose con los suyos, el voto duro trumpista (no necesariamente republicano). Por otro lado, está perdiendo a muchos de los que votaron por él (y que no estaban tampoco muy en favor de Biden) ante la alternativa que representaba Kamala Harris. Estos son votantes líquidos, fluctuantes, que se entusiasman por alguna candidatura pero que no son incondicionales.

Movilizar a los incondicionales, como los que tomaron el Capitolio el 6 de enero de 2021 y realizaron destrozos en el recinto, es fácil. Las aproximadamente 2,000 personas que participaron aquel día eran parte de un movimiento, y como lo dice Jonathan Haidt en “La Mente de los Justos”, hicieron cosas que normalmente no harían por el sentimiento de pertenencia a la “colmena”. Sin embargo, ellos, los “Proud Boys”, los “MAGAs”, los “patriotas”, no son las grandes masas de votantes que le dieron el triunfo. Ganó por los votantes “infieles” que prefirieron una opción sobre otra: republicano sobre demócrata, Trump sobre Harris.

Estos votantes son los que probablemente se sientan arrepentidos, pero tampoco pensaban que la otra opción fuera mejor. Y esto nos recuerda al libro “¿Cómo mueren las democracias?” donde Daniel Ziblatt y Steven Levitsky nos dicen que es a través del voto democrático, por el cual las mayorías eligen a sus gobiernos, que irónicamente están cavando la tumba de los derechos y los valores democráticos. La mayoría eligió a Donald Trump, no se impuso como un dictador, sino que fue electo democráticamente. Al igual que Nicolás Maduro, electo por voto popular, gobiernos que han tomado tintes antiderechos como el de Javier Milei, Nayib Bukele o Daniel Noboa han sido electos por la vía democrática.

Si bien la elección de estos candidatos nos muestra una polarización política y que hay un sector importante de la población que concuerda con sus ideas, no representan a todo el territorio. Estas protestas son una muestra de movimientos que están gestándose por debajo de la superficie y que aún no sabemos si tendrán suficiente fuerza como para quitarle la mayoría a los Republicanos en las cámaras y votar por una opción distinta para la presidencia en 2028. Para que no muera la democracia, la única opción es la vía democrática: protestar, salir a hacer política a las calles y construir una opción distinta y forjar liderazgos que animen a los votantes. ¿Será que Estados Unidos gire hacia el multipartidismo, voten por una opción dentro del partido demócrata, o bien, republicana pero más moderada? Aún es muy pronto para saberlo, pero muy tarde para empezar a armarlo. La sucesión presidencial en América ya empezó desde ayer, aunque a los demócratas parezca que no les han avisado.

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