Narciso

Narciso era un joven hermoso que todos los días contemplaba su imagen reflejada en el agua de un lago, le agradaba ver sus grandes ojos, su hermoso cabello, sus definidos labios; disfrutaba su propia belleza en el lago.

Estaba encantado consigo  mismo tanto que un día por mirarse más de cerca, se cayó dentro del lago. Al caerse, se sumergió y murió ahogado.

Cuando Narciso murió, los dioses del bosque vieron el lago transformarse, de un lago de agua dulce, en un lago de lagrimas.

Al verlo llorando le preguntaron:

-¿Porqué lloras?-

-Lloro por Narciso-

-¡Ah!, no nos asombra que llores por Narciso, nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.

-¿Pero Narciso era bello? – preguntó el lago

-¿Quién podría saberlo más que tú? Si era ante ti que él se inclinaba para contemplarse todos los días.

El lago se quedo algún tiempo callado. Finalmente dijo:

-Yo lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mis aguas yo podía ver, en el fondo de sus ojos, mi propia belleza reflejada.

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