La idea de ser suficiente 

Alejandra López Martínez

Estos días se hizo viral la canción Heterocromía, donde Belinda reinterpreta Los Aristogatos para burlarse de un exnovio con actitudes clasistas y racistas. El escándalo no solo está en la indirecta, sino en el hecho de que incluso una mujer de belleza imposible, blanca, rica, hegemónica, española (sí, porque en el racismo mexicano tener pasaporte rojo te da puntos) y famosa como Belinda fue discriminada por una familia de “old money”.

En redes, muchos decían: “Si esto le pasa a Beli, imagínate a ti”. Pero la verdad es que nos pasa a todas y todos. Incluso a Belinda, pero también al ex, a los hijos e hijas de las personas más ricas de México (y del planeta), a quienes trabajan, a quienes no, a quienes se hicieron “arreglitos”,  a quienes no.

El miedo a “no ser suficiente” nace del temor a no pertenecer. En la antigüedad, quedar fuera de la manada significaba morir. Hoy, ese miedo sigue operando, aunque ya no esté en juego la supervivencia, sino la aceptación social.

Y el problema es que nunca vamos a ser suficientes. Siempre habrá alguien más guapa, más lista, con más dinero o más conexiones. Y siempre habrá quien nos lo recuerde.

Incluso en espacios progresistas se replican esas dinámicas:
—“Le gusta el pop, no es intelectual.”
—“No domina los términos, no es suficientemente feminista.”

Parece que vivimos en una sociedad diseñada para que nadie se sienta suficiente nunca. El resultado: cambiamos de pareja, de trabajo, de ciudad, de cuerpo, no por evolución real, sino para intentar borrar lo que creemos que nos falta. Para que no nos expulsen de la manada.

Pero simplemente existir ya es un acto político. No necesitas demostrarle nada a nadie. No se trata de buscar validación o reconocimiento. Solo de estar, por ti y para ti.

Mientras tanto, hay atletas que exigen ser tratados como héroes nacionales cuando lograr sus metas es algo solo personal. Y políticos con egos inflados que olvidan que su trabajo no es para validarse, sino para servir.La idea de no ser suficiente está enraizada en el clasismo, el racismo y el capitalismo. No te salvan los apellidos, ni el golf, ni los Aperol Spritz, ni los suéteres de Loro Piana. No te salva nada, porque el problema nunca fuiste tú.

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