Cada 25 de julio se conmemora el Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, una fecha esencial para reconocer la historia, las contribuciones y las luchas de millones de mujeres originarias de estas comunidades en América Latina, el Caribe y más allá.

Esta celebración nació en 1992, durante el Primer Encuentro de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribeñas y de la Diáspora en Santo Domingo, República Dominicana, donde más de 400 mujeres de 32 países alzaron la voz contra la discriminación y la desigualdad interseccional. De ese encuentro surgió la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, que hasta hoy trabaja para impulsar políticas públicas y acciones por la igualdad y la justicia social.
Estas mujeres enfrentan históricamente una doble discriminación por razones de género y origen, y muchas se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, como empleo informal, vivienda en zonas marginadas y mayor exposición a situaciones de violencia y exclusión social. La pandemia de COVID-19 amplificó estas brechas, evidenciando la urgencia de implementar medidas inclusivas y efectivas.
Este día honra a quienes desde la educación, la cultura, la política, el activismo y la economía han dejado una huella importante con su liderazgo, esfuerzo y compromiso social.
Además, la ONU declaró el Decenio Internacional para los Pueblos de la Diáspora (2015-2024), con el propósito de promover justicia, desarrollo y el pleno reconocimiento de los derechos humanos. Este llamado internacional enfatiza que sólo con un enfoque interseccional y inclusivo se podrá asegurar la participación equitativa de estas mujeres en todos los ámbitos de la sociedad.
Más que una conmemoración, el 25 de julio es un llamado a erradicar la discriminación sistémica, fomentar sociedades más justas y valorar la diversidad cultural, histórica y humana de las mujeres afrolatinas, afrocaribeñas y de la diáspora.
