En su comparecencia del 1 de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum mandó un mensaje contundente a Washington: México colabora, pero no obedece. Una respuesta directa a declaraciones provocadoras que cuestionaban la autonomía mexicana.
Sheinbaum defendió la soberanía nacional recordando cooperación sustancial: extradiciones, desarrollo social, acuerdos migratorios, sin permitir insinuaciones de subordinación. Resaltó avances en pobreza, inversión y cohesión social.

Alcanzó altos niveles de aprobación, elevando su liderazgo entre el electorado que valora una política exterior clara, digna y pragmática. México no será nunca un actor pasivo.
El contexto regional requiere cooperación, pero bajo condiciones de igualdad y respeto; y ese es el marco que, hoy, Sheinbaum establece como no negociable.
Su mensaje es un símbolo de empoderamiento: México se posiciona como nación fuerte, consciente y soberana, dispuesta a dialogar pero nunca a postrarse
