Por qué Europa dice “no” al pollo de EE.UU. y qué países latinoamericanos sí lo consumen

Desde finales de los años 90, la Unión Europea y Reino Unido han bloqueado la entrada de carne de pollo estadounidense a sus mercados. La razón principal: diferencias en los métodos de prevención de bacterias, especialmente en cómo se combate la Salmonella y el Campylobacter. Mientras Europa enfoca sus medidas durante la vida del ave, EE.UU. aplica técnicas post-sacrificio, como el rociado con compuestos químicos o ácidos, que aunque considerados seguros por estudios, son rechazados por los reguladores europeos.

La polémica del “pollo clorado” fue el origen de esta disputa. Aunque actualmente menos del 5% de las plantas estadounidenses usan compuestos basados en cloro y se han adoptado ácidos orgánicos más seguros, la Unión Europea mantiene su prohibición por precaución, argumentando que estos tratamientos podrían enmascarar deficiencias en higiene de los mataderos. El Reino Unido ha reafirmado recientemente que no planea levantar estas restricciones.

A pesar de esta exclusión, varios países latinoamericanos sí importan pollo de EE.UU. México es el principal comprador, con importaciones por unos US$1.500 millones al año. Otros países que reciben productos avícolas estadounidenses incluyen Cuba, Guatemala, República Dominicana, Colombia, Costa Rica, Perú, Chile, Panamá, Honduras y El Salvador. En la mayoría de estos casos, las regulaciones permiten el ingreso de pollo de EE.UU., siempre que provenga de áreas libres de alertas sanitarias como la gripe aviar.

El experto Byron Chaves, de la Universidad de Nebraska-Lincoln, señala que “ningún método garantiza un pollo completamente libre de bacterias”, y que tanto los sistemas europeos como estadounidenses buscan minimizar riesgos. Así, la decisión de los países se basa más en regulaciones y percepción del consumidor que en diferencias absolutas de seguridad alimentaria.

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