El sistema de salud mexicano atraviesa una alerta sanitaria: más de 340 mil niños no recibieron ninguna vacuna durante 2024. Esta cifra representa un retroceso histórico en materia de inmunización y coloca al país entre los de mayor rezago en Latinoamérica, con una cuarta parte de los menores “cero dosis” en la región.
Los especialistas advierten que este fenómeno podría provocar el regreso de enfermedades que ya se consideraban erradicadas, como sarampión, difteria o poliomielitis. Además, los costos al sistema de salud se multiplicarían por la atención de brotes prevenibles.
La baja cobertura se atribuye a varios factores: la falta de personal en zonas rurales, el desabasto de biológicos en años previos y la desinformación impulsada por movimientos antivacunas. Todo ello ha creado brechas en comunidades donde las jornadas de vacunación dejaron de ser constantes.
Autoridades federales y estatales ya impulsan campañas de recuperación, priorizando a los menores de cinco años y a mujeres embarazadas. El objetivo es elevar la cobertura de la vacuna DTP3 a niveles superiores al 90 %, cifra mínima establecida por la Organización Mundial de la Salud.
El reto es monumental, pues no se trata solo de distribuir vacunas, sino de restablecer la confianza de las familias en los programas de inmunización. Los expertos insisten en que la vacunación no es un acto individual, sino una responsabilidad colectiva.
Proteger a la infancia significa proteger al país entero. México necesita volver a confiar en la ciencia, reforzar la educación sanitaria y garantizar que cada niño reciba todas sus vacunas a tiempo.

