Este 2 de septiembre, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, llegó a México para una visita oficial enfocada en temas delicados: migración, narcotráfico, aranceles y seguridad bilateral. La visita forma parte de una gira latinoamericana que también lo llevará a Ecuador.
Rubio propuso un memorándum de entendimiento para fortalecer el intercambio de inteligencia sobre cárteles, en especial en lo relacionado con el tráfico de fentanilo. La propuesta fue recibida con apertura, pero también con advertencia: México insistió en que cualquier cooperación debe darse bajo el principio de soberanía.
El viaje ocurre justo después del informe presidencial de Claudia Sheinbaum, quien reafirmó que México coopera, pero no se subordina. Ese contexto dio un tono político más intenso a la visita, donde las diferencias en materia de seguridad se volvieron evidentes.

El funcionario estadounidense también puso sobre la mesa el tema migratorio, aludiendo a la necesidad de “acciones más fuertes” para contener flujos en la frontera sur. Sin embargo, la mandataria mexicana recalcó que se deben atender las causas estructurales, no solo los síntomas.
La visita, en conclusión, refleja la dualidad de la relación bilateral: la urgencia de trabajar juntos frente a amenazas comunes, y la firmeza de México en marcar límites claros para defender su autonomía.
