En una reciente entrevista, el médico veterinario Raúl Ocadiz habló sobre un tema poco conocido pero fascinante: las salamandras gigantes, un grupo de anfibios que destaca por su tamaño y singular biología.

Las salamandras, de cuerpo alargado y piel húmeda, agrupan diversas especies, algunas de ellas sorprendentemente grandes. Tal es el caso de la salamandra gigante del sur de China, conocida como Andrias sligoi, identificada como una especie independiente en 2018. Existen registros históricos que señalan ejemplares de hasta 1.8 metros de longitud, aunque actualmente se teme que esté extinta en su hábitat natural. Esta región del sur de China enfrenta serios problemas de contaminación y presión por parte de la medicina tradicional, factores que han mermado severamente a esta especie. A pesar de ello, en condiciones de laboratorio se han logrado reproducir algunos ejemplares con relativo éxito.
Por otro lado, destaca la Andrias davidianus, considerada actualmente el anfibio más grande del planeta. Puede superar los 1.8 metros de largo y pesar más de 50 kilogramos, dimensiones que incluso superan la estatura promedio de un adulto en México. Esta especie, también endémica de China, está catalogada como críticamente amenazada debido a la pérdida de hábitat, la caza indiscriminada y los altos niveles de contaminación ambiental. El proceso acelerado de industrialización en China, aunque representa un avance económico, ha generado un fuerte impacto ecológico que afecta directamente a especies como esta.

Uno de los factores más preocupantes es el consumo de estos anfibios, ya sea con fines culinarios o para su uso en prácticas de medicina tradicional, a pesar de que no existe evidencia científica que respalde sus supuestos beneficios.
La Andrias davidianus es una especie longeva y de hábitos nocturnos. Pasa el día en reposo en el fondo de ríos de aguas frías y sale de noche a cazar. Aunque puede sobrevivir en tierra brevemente, vive la mayor parte del tiempo en el agua y posee respiración cutánea, una adaptación que le permite absorber oxígeno a través de la piel.
La situación de estas salamandras gigantes es un llamado urgente a la conservación y a la toma de conciencia sobre el impacto humano en los ecosistemas. Su protección es clave para preservar la biodiversidad de los ríos asiáticos.
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