La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que enfrentará un recorte presupuestal del 21 % para el periodo 2026–2027, quedando con aproximadamente 4,200 millones de dólares disponibles. Esta disminución de recursos ha obligado a la agencia a realizar una profunda reestructuración que incluye la reubicación de unidades clave: parte del equipo de emergencias sanitarias será trasladado a Berlín, las operaciones y logística a Dubái, el área de salud laboral y enfermería a Lyon, y el programa de medicina tradicional a Jamnagar, India.
El ajuste financiero también se refleja en su personal: más de 400 trabajadores ya han dejado la organización por no renovación de contratos, jubilación anticipada o rotación natural, y se espera la salida de al menos 600 empleados más en la sede de Ginebra. Además, algunos programas de salud, como la lucha contra enfermedades no transmisibles y ciertos proyectos relacionados con salud sexual, reproductiva y adolescente, serán reducidos y redistribuidos hacia otras agencias de Naciones Unidas.
Este recorte no solo compromete la capacidad de respuesta de la OMS frente a emergencias sanitarias, sino que también plantea interrogantes sobre la continuidad de programas esenciales para la salud pública mundial, en un contexto donde las crisis globales —desde pandemias hasta desastres climáticos— exigen mayor preparación y coordinación internacional.

