Esclavitud moderna: los trabajadores norcoreanos en Rusia

Miles de ciudadanos norcoreanos son enviados a obras de construcción y fábricas rusas bajo condiciones extremas, con un control casi absoluto del régimen de Pyongyang.

En medio de la guerra de Rusia en Ucrania y una marcada escasez de mano de obra, Moscú ha incrementado su dependencia de trabajadores norcoreanos enviados por Pyongyang. Según informes de inteligencia surcoreana, más de 50.000 norcoreanos podrían llegar a trabajar en Rusia en los próximos meses, principalmente en construcción, fábricas de ropa y centros de procesamiento de datos.

Quienes han logrado escapar relatan jornadas de más de 18 horas, con apenas dos días libres al año, vigilados constantemente por agentes norcoreanos y confinados en contenedores marítimos o edificios sin terminar. La mayoría de sus salarios son entregados directamente al Estado de Corea del Norte, mientras ellos reciben solo una fracción, entre 100 y 200 dólares, al regresar a casa. Muchos describen su experiencia como una “prisión sin barrotes”.

Los testimonios coinciden en las pésimas condiciones de trabajo: ausencia de equipo de seguridad, caídas graves no atendidas, jornadas nocturnas a oscuras y castigos físicos para quienes intentan descansar. Algunos trabajadores, como Jin y Tae, han logrado escapar gracias a dispositivos electrónicos de contrabando y la ayuda de abogados y activistas surcoreanos.

Analistas explican que estos envíos obedecen a la alianza estratégica entre Kim Jong-un y Vladimir Putin, y que la escasez de mano de obra rusa, agravada por la guerra, convierte a los trabajadores norcoreanos en la “solución perfecta”: baratos, confiables y fácilmente controlables. Las restricciones recientes sobre salidas y la intensificación de sesiones de lealtad buscan prevenir fugas y garantizar que los envíos continúen en el futuro, incluso tras la guerra.

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