En una entrevista reciente, el especialista Luis Flores ofreció una reveladora perspectiva sobre el origen y significado profundo de la alquimia, una práctica milenaria que muchos consideran la precursora de la química moderna. Su explicación nos lleva más allá de los mitos, mostrando a la alquimia como una forma de conocimiento que va mucho más allá de lo esotérico.

De acuerdo con Flores, la alquimia no nació con los antiguos alquimistas medievales ni con las cofradías de herreros, como a menudo se piensa. Sus raíces son mucho más antiguas, remontándose incluso a los primeros seres humanos que dominaron el fuego. Para el especialista, ese momento cuando el hombre primitivo aprendió a controlar el fuego marcó el inicio del proceso alquímico: la transformación de una sustancia en otra mediante la interacción con los elementos naturales.
Sin embargo, la verdadera alquimia, dice Flores, no es simplemente una técnica, sino un conocimiento profundamente hermético. Es decir, está envuelto en simbolismo, metáforas y un lenguaje críptico que ha sido reservado a unos pocos a lo largo de la historia. Esta característica ha hecho que, con el paso del tiempo, su comprensión se haya reducido, y la ciencia moderna especialmente la química la haya desplazado al terreno de las pseudociencias, junto con la astrología y otras disciplinas antiguas.

Pero para los alquimistas, la piedra angular de su saber es el mundo mineral. Afirman que toda la existencia incluidos los seres vivos y la propia evolución del planeta se sustenta en el reino mineral. Según esta visión, los minerales contienen la información arquetípica del universo, una especie de código genético universal a partir del cual puede entenderse la historia de la vida y del cosmos.
Flores señala que lo que los alquimistas llaman la «primera dimensión» se refiere precisamente al reino mineral. Este contiene no solo una estructura física y química única, sino también una “codificación genética” de la vida. La simetría atómica de los minerales permite 32 formas de organización llamadas «clases cristalinas». Esta geometría sagrada, según los alquimistas, también está presente en estructuras biológicas como el ADN, cuya forma cristalina y helicoidal sería una prueba de esta conexión fundamental entre los minerales y la vida.
Además, la alquimia trabaja con conceptos que abarcan desde la física cuántica hasta la filosofía espiritual. Aunque muchas de sus ideas puedan parecer místicas o alegóricas, su base es un intento de comprender el orden natural del universo desde una perspectiva holística, integrando cuerpo, mente y materia.
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