“De obesidad a diabetes”.
Dr. Marco Antonio Villalvazo Molho.

Juanita es una mujer de 40 años, de baja estatura, su tez blanca contrasta con el largo cabello, castaño y ondulado. Sus ojos de color verde aceituna, detrás de unos grandes y gruesos lentes, le dan un aire intelectual. Es maestra de matemáticas a nivel preparatoria. Considera tener un buen equilibro entre su vida profesional y familiar, además de ser buena madre que da calidad de tiempo a sus hijos, y su relación de pareja es agradable y satisfactoria. Siempre anda acelerada para cumplir con todos sus compromisos, por si fuera poco, siempre participa en cualquier labor social que se le presente.
Cuando la conocí tenía 25 kilos de sobra y sus niveles altos de glucosa ya eran de una persona con diabetes. Durante esa primera entrevista, Juanita me comentó que estaba desesperada al no comprender que estaba haciendo mal, sé que en ocasiones me salto algunos tiempos de alimento y que como entre comidas, pero no es para tener este peso. Se comparó con sus cuñadas que comen todo el día y de todo, y que a pesar de eso son unas “flacas insoportables”. Repitió una y otra vez que no era justo lo que le sucedía. Me dijo que seguramente tenía un mal funcionamiento de alguna glándula de su cuerpo, pues ya había tomado esas pastillas que anuncian en las redes sociales que se supone chupan la grasa que se ingiere, e impiden que se metabolice en el cuerpo, pero no bajé ni un solo gramo. También utilicé lo que anuncian en las redes sociales como algo infalible: una crema maravillosa que junto a una faja termoeléctrica se suponía que en 40 minutos me bajarían siete centímetros de cintura. Hace unas semanas compré un aparato para abdominales que debía usar cuatro minutos al día. A pesar de haber gastado una fuerte cantidad de dinero, nada de eso me ha funcionado, y cada día subo más de peso. Las lágrimas brotaron de sus ojos hasta empañar los lentes, al limpiarlos, no dejaba de ofrecerme disculpas por dejarse llevar por su frustración. Más calmada, me comentó que en todos sus intentos había fracasado y que la vida era muy injusta: “No encuentro el camino para estar delgada” terminó diciendo.
Acordamos dar un nuevo enfoque. Poco a poco fue comprendiendo los errores que cometió durante años: el principal era creer ingenuamente que hay productos que milagrosamente hacen bajar de peso, también entendió la importancia de hacer 3 alimentos completos cada día, para quedar satisfecha y no estar comiendo a todas horas, de mantenerse alejada de los alimentos que le generan hambre, que todo lo que entra por la boca tiene calorías (menos el agua), reconocer cuando su estómago le dice ya no necesito más comida y hacerle caso, e iniciar con un programa para disminuir la inactividad. Con mucha constancia y motivación, Juanita se fue volviendo más consciente y firme para lograr sus propósitos.
Un año después, ya había bajado los 25 kilos que le sobraban, y sus niveles de glucosa se encuentran en límites adecuados, sin haber tomado ninguna medicina para este fin. Ese día me dijo con respecto a lo que se ofrece en las redes sociales y los medios de comunicación para bajar de peso. “Debemos entender que el bajar de peso no se compra, se consigue mejorando conductas y logrando vivir y comer de manera consciente.
No puedes cambiar de dónde vienes, pero si hacia donde te diriges… atrévete a influir de manera positiva en tu destino.
Dr. Marco Villalvazo
Médico General Certificado
Educador en Diabetes Certificado
Diplomado en Nutrición y Obesidad
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