
En un mercado saturado de juguetes tradicionales, pocos imaginaron que una criatura de aspecto extraño, con dientes desiguales y una sonrisa traviesa, lograría capturar la atención mundial. Se trata de Labubu, la creación de Kasing Lung que, bajo el sello de Pop Mart, pasó de ser un producto de nicho en China a un fenómeno global que hoy marca tendencia.
La historia comienza en 2010, cuando Wang Ning fundó Pop Mart como una tienda de variedades en Pekín. Su gran golpe fue apostar por las “cajas sorpresa”, un formato en el que los compradores descubren al azar qué figura les tocó. Con la primera serie de muñecas Molly, la fórmula funcionó, pero fue la llegada de Labubu en 2019 lo que catapultó a la marca al estrellato.
Desde entonces, la expansión ha sido meteórica. En 2020 Pop Mart debutó en la Bolsa de Hong Kong y sus acciones crecieron más de 500%. Hoy, la compañía no solo vende en tiendas físicas y en línea, sino también en miles de máquinas expendedoras repartidas por el mundo. Sus muñecas están disponibles en países como Estados Unidos, Reino Unido, Singapur y Australia, aunque la fiebre es tal que en varias regiones se han agotado por completo.
El fenómeno alcanzó su punto álgido cuando artistas de talla mundial comenzaron a exhibir sus Labubu: la estrella de K-pop Lisa, seguida por figuras como Rihanna y Kim Kardashian, contribuyó a impulsar el fenómeno en redes sociales. Fotos y videos en Instagram y TikTok multiplicaron el deseo de adquirirlas, creando un efecto dominó que disparó tanto la demanda como el mercado de reventa.
Más allá del marketing, especialistas en tendencias culturales ven en este éxito un ejemplo de cómo China está consolidando su imagen a través de productos culturales creativos. Al igual que el videojuego Black Myth: Wukong o la película animada Nezha, Labubu refuerza la idea de que la industria creativa china puede competir de tú a tú con los gigantes occidentales.
Hoy, el misterio de por qué millones de personas encuentran irresistible a un personaje que parece a medio camino entre monstruo y hada sigue sin resolverse. Pero quizás esa mezcla de ternura, rareza y exclusividad sea justamente la fórmula que transformó a Labubu en un símbolo de la cultura pop del siglo XXI.
