
Durante más de veinte años, Stefanie Green trabajó como ginecóloga y obstetra en Canadá, ayudando a traer vidas al mundo. Pero en 2016, cuando la legislación canadiense permitió la muerte asistida, Green encontró un nuevo camino: acompañar a quienes desean morir por enfermedades incurables o sufrimiento intolerable.
“Muchas personas piensan que el papel del médico es salvar vidas. Para mí, ayudar a las personas también significa aliviar el sufrimiento y respetar su voluntad”, explica la médica. Desde entonces, dedica la mayor parte de su práctica a la muerte asistida, guiando a pacientes y familiares a través de un proceso cuidadosamente regulado y profundamente humano.
El procedimiento más frecuente consiste en administrar cuatro medicamentos por vía intravenosa, que inducen sueño profundo y, finalmente, la muerte del paciente, todo en un entorno elegido por la persona, con familiares presentes y espacio para rituales o despedidas. Antes de actuar, Green confirma la voluntariedad, la capacidad mental del paciente y su conocimiento de alternativas, como cuidados paliativos.
Green describe su trabajo como una extensión natural de la medicina: así como acompaña nacimientos, acompaña el final de la vida. Confiesa que las experiencias la han hecho más empática y consciente de la importancia del afecto y la comunicación en momentos de sufrimiento extremo.
La médica canadiense también aborda críticas y debates sobre la práctica, incluyendo el derecho de pacientes con discapacidad o trastornos mentales a acceder a la asistencia. Para Green, negar esta opción a quienes cumplen criterios legales y sufren intolerablemente sería injusto, aunque reconoce la necesidad de mejorar los sistemas de apoyo social.
Canadá ha registrado un aumento en la práctica: más de 10.000 muertes asistidas en 2021 y 15.000 en 2023. Green asegura que estos números reflejan el respeto a la ley y a la autonomía del paciente, y subraya que cada muerte es un acto de acompañamiento, compasión y humanidad.
En un país donde la muerte asistida es legal bajo ciertas condiciones, el trabajo de Stefanie Green combina medicina, ética y cuidado humano, ofreciendo un modelo de acompañamiento al final de la vida que desafía las nociones tradicionales del rol del médico.
