El sistema de salud mexicano reportó un aumento sostenido en los índices de obesidad infantil, especialmente en zonas urbanas. Se calcula que uno de cada tres niños presenta sobrepeso o algún grado de obesidad, lo que ha encendido las alertas sobre los hábitos alimenticios y el sedentarismo en la población más joven.
Las autoridades educativas y sanitarias impulsan ahora un programa nacional de alimentación saludable en escuelas públicas, que incluye menús balanceados, reducción del consumo de bebidas azucaradas y una hora diaria obligatoria de actividad física. También se reforzarán los filtros sanitarios para impedir la venta de comida ultraprocesada en los alrededores de los planteles.
El problema no solo tiene un impacto físico: especialistas advierten que la obesidad infantil afecta el rendimiento académico, el estado emocional y la autoestima de los menores. Además, se asocia directamente con el desarrollo temprano de enfermedades como diabetes tipo 2 e hipertensión.
El plan gubernamental contempla la participación de padres de familia, maestros y comunidades locales para promover entornos saludables y fomentar hábitos sostenibles desde la infancia.

