
Alejandra López Martínez
En la mitología griega, Sísifo, rey de Corinto, estaba condenado de por vida a subir la piedra hasta la cima solo para dejarla caer. Albert Camus nos reta, en El mito de Sísifo, a imaginarnos a Sísifo feliz.
En México pasan los años y los problemas siguen siendo los mismos: corrupción, desigualdad e inseguridad. A veces se suman o agravan algunos, pero cuando pensamos que México ya está listo para despegar y ser una gran potencia, la piedra vuelve a caer a la base de la montaña y hay que volverla a subir. De acuerdo con datos recientes, la desigualdad persiste como un lastre estructural: aunque las políticas de bienestar del gobierno anterior lograron sacar de la pobreza extrema a 13.4 millones de personas entre 2018 y 2024, México aún ocupa posiciones bajas en índices globales, con un Coeficiente de Gini que ronda el 0.42, y la corrupción sigue siendo un problema grave, con una puntuación de 31/100 en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional en 2023. En cuanto a la inseguridad, las tasas de homicidios se mantienen altas, exacerbadas por la violencia ligada al crimen organizado.
Personajes políticos de todos los partidos y todos los colores han prometido que, de llegar a un puesto, los problemas van a acabarse. Sin embargo, aún vemos una Ciudad de México con los mismos problemas de desabasto de agua potable, por un lado, y de inundaciones por otro. A pesar de lluvias torrenciales en el Valle de México, las reservas del Sistema Cutzamala están por debajo del 40% y el drenaje deficiente ha inundado a gran parte de la ciudad. Tenemos una ciudad con problemas de movilidad, con un metro que no creció al ritmo de las necesidades de sus habitantes, que falla, se quema, se inunda y se derrumba —como la Línea 12 en 2021. Han surgido alternativas como el Metrobús, las Ecobicis o el Cablebús. Sin embargo, los millones de personas que viven en la periferia pasan horas transportándose a los centros de trabajo porque tampoco hay vivienda social en el centro de la ciudad, un problema que se ha agravado con el alquiler turístico y el aumento de las rentas. Al parecer, la Jefa de Gobierno anunció que se regularán y se congelarán las rentas para limitar incrementos al nivel de inflación y crear una Oficina de Defensa de Inquilinos, pero esto parece otra piedra que subimos solo para dejarla caer.
Hacer cambios estructurales profundos en la política es difícil. Hemos crecido dentro de cierta inercia institucional, creencias, estereotipos y normas sociales que hacen difícil cambiarla. Son una enorme piedra que entre todos y todas debemos mover para fomentar la igualdad, los salarios justos y un pago de impuestos que garantice la vida digna para todas las personas. Se hace un trabajo titánico moviendo la piedra… solo para descubrir que las olas de intolerancia y de crecimiento anti-derechos (como lo que se ha visto en Estados Unidos con intentos en al menos nueve estados para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo, así como con los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, tras la reversión de Roe v. Wade en 2022). Una sacudida ideológica que nos está tirando de nuevo a la base de la montaña, una piedra que había costado mucho levantar.
Estos movimientos ideológicos pendulares entre izquierda y derecha son habituales y funcionan como olas: por cada ola de avance hay un movimiento igual de fuerte en sentido contrario. Es necesario recordar que cada vez que se derrumba, tenemos que regresarla a la cima, como si fuéramos Sísifo. Y como dice Camus, debemos imaginarnos a Sísifo feliz.
