
La ansiedad ya no es un problema exclusivo de adultos con vidas aceleradas ni de adolescentes que enfrentan cambios emocionales. En el Estado de México, incluso los más pequeños, aquellos que apenas empiezan a hablar o a dar sus primeros pasos en la escuela, están siendo diagnosticados con este trastorno.
El Instituto Mexiquense de Salud Mental y Adicciones (Imsama) reportó que en lo que va de 2025 se han identificado seis casos de ansiedad en menores de entre uno y siete años. Dos se registraron en Ixtapaluca y el resto en Naucalpan, Nezahualcóyotl, Nicolás Romero y Valle de Bravo. Se trata de niños que, en teoría, deberían vivir rodeados de juegos y aprendizajes, pero que ya cargan con un peso emocional difícil de comprender para su edad.
Un reflejo de lo que ocurre en todo México
Los datos del Observatorio Mexiquense de Salud Mental y Adicciones muestran que la ansiedad y la depresión son de los principales motivos de consulta entre niñas, niños y adolescentes, cifras que coinciden con las tendencias nacionales.
Durante el primer semestre de 2025, los Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones registraron 2 mil 443 atenciones relacionadas con estos trastornos. El grupo más afectado es el de 12 a 17 años, con más de la mitad de los casos, seguido de jóvenes de entre 18 y 29 años.
Ansiedad y depresión, diagnósticos frecuentes
La ansiedad ocupa el primer lugar con 278 pacientes atendidos, mientras que la depresión alcanzó 274 casos. A ellos se suman diagnósticos combinados y otras variantes que muestran la magnitud del problema.
En los más pequeños, los síntomas suelen pasar desapercibidos porque se confunden con timidez, berrinches o actitudes propias de la infancia, lo que retrasa la atención y limita las posibilidades de un tratamiento temprano.
Efectos que marcan a los adolescentes
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) ha documentado que la depresión y la ansiedad afectan directamente la calidad del sueño, el rendimiento escolar y la convivencia familiar. Uno de cada cinco adolescentes dijo tener problemas de sueño frecuentes, lo que repercute en su desarrollo físico y emocional.
A esto se suma la violencia, que también impacta la salud mental. En el último año, poco más del 2% de los adolescentes declaró haber sufrido agresiones físicas o verbales, principalmente en asaltos o robos.
De manera alarmante, 4.4% de adolescentes reconoció haber intentado quitarse la vida alguna vez, una cifra que en mujeres triplica a la de los hombres.
Prevenir desde la infancia
Frente a este panorama, especialistas insisten en trabajar desde edades tempranas en la construcción de entornos seguros y saludables. Los Centros de Integración Juvenil han puesto en marcha programas preventivos en escuelas y comunidades que promueven la educación socioemocional y el fortalecimiento del tejido social.
La intención es que niñas, niños y jóvenes desarrollen habilidades para enfrentar situaciones de riesgo, reducir la exposición a la violencia y prevenir el consumo de sustancias que puedan agravar su estado de salud mental.
En el Estado de México, la aparición de bebés y niños diagnosticados con ansiedad es una señal clara: la salud mental debe atenderse desde la cuna, antes de que los problemas se conviertan en una carga que acompañe a lo largo de la vida.
