De la “resurrección” vegetal a cultivos resistentes a la sequía

Algunas plantas parecen muertas durante meses de sequía, pero tras un simple riego, reverdecen y continúan su crecimiento como si nada hubiera pasado. Este fenómeno, observado por primera vez por Jill Farrant en Sudáfrica, se estudia hoy para mejorar la resiliencia de los cultivos frente al calentamiento global y la escasez de agua.

Conocidas como plantas de resurrección, estas especies toleran pérdidas de agua de hasta un 95%, una capacidad que la mayoría de las plantas no posee. Su estrategia combina la vitrificación celular mediante azúcares y la acción de proteínas protectoras que preservan la estructura celular y permiten recuperar la fotosíntesis rápidamente cuando el agua regresa.

Farrant y su equipo estudian tanto los genes de estas plantas como su microbioma, buscando formas de transferir estas habilidades a cultivos comunes. Por ejemplo, el teff, un cereal cultivado en Etiopía, tiene un pariente cercano, Eragrostis nindensis, una planta de resurrección que puede sobrevivir hasta nueve meses sin agua. Comprender cómo estas especies manejan la sequía podría permitir reactivar genes similares en cultivos alimentarios, aumentando su tolerancia sin comprometer el crecimiento o la productividad.

Algunas investigaciones ya han mostrado resultados prometedores. En 2018, científicos lograron introducir un gen de Xerophyta viscosa en boniato, mejorando su resistencia a la deshidratación sin afectar su crecimiento. Esto demuestra que la transferencia de genes de plantas de resurrección podría ofrecer soluciones prácticas frente a sequías extremas y cada vez más frecuentes, especialmente en regiones afectadas por el cambio climático.

La meta es identificar un “interruptor maestro” que active la tolerancia solo cuando sea necesario, de modo que los cultivos protejan sus hojas y estructuras sin perder rendimiento en condiciones normales. El estudio del microbioma asociado a raíces y suelos también podría proporcionar nuevas herramientas, como probióticos que aumenten la resistencia de los cultivos a la sequía de forma natural.

Con el aumento de la temperatura global y la irregularidad de las precipitaciones, estos hallazgos son cruciales. La combinación de genética, microbiología y biotecnología ofrece una oportunidad para diseñar una agricultura más resiliente y asegurar la producción de alimentos en un futuro cada vez más seco e impredecible.

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