
Ciclomotores eléctricos se alinean frente a centros comerciales de Hangzhou, China. Sus baterías, basadas en sodio extraído de la sal, prometen recargas rápidas, intercambios sencillos y precios competitivos entre US$400 y US$660. Este escenario refleja el esfuerzo de las empresas chinas por liderar la transición a baterías más seguras, económicas y sostenibles.
A diferencia de las baterías de litio, las de iones de sodio presentan menor densidad energética, lo que limita la autonomía de los automóviles. Sin embargo, son adecuadas para scooters y vehículos de corta distancia, donde el rendimiento no depende de largas cargas. Además, son menos propensas a incendiarse y menos afectadas por temperaturas extremas, atributos que aumentan su atractivo frente a incidentes reportados en baterías de litio en 2024.
China busca aprovechar la abundancia de sodio —400 veces más disponible que el litio— y la infraestructura existente de producción de baterías de litio para escalar rápidamente la fabricación de celdas de sodio. CATL y Gotion lideran esta iniciativa, con planes de producir baterías para vehículos pesados y almacenamiento de energía. En este último sector, las baterías fijas superan las limitaciones de peso y densidad energética, convirtiéndose en una pieza clave para integrar energías renovables a la red eléctrica.
El mercado global de almacenamiento de energía está en expansión, y se espera que la capacidad mundial aumente de manera exponencial hasta 2030. En China, aproximadamente una quinta parte de los proyectos ya emplean baterías de sodio, consolidando su posición como líder mundial en tecnología limpia.
Si bien la caída reciente de los precios del litio ha reducido la urgencia de adoptar el sodio, la estrategia china combina seguridad, sostenibilidad y control de la cadena de suministro. A diferencia de otros países, China puede pasar del laboratorio a la producción en masa más rápido, invirtiendo miles de millones en investigación y expansión internacional. Empresas como Yadea proyectan llevar sus scooters con baterías de sodio a mercados del Sudeste Asiático, Latinoamérica y África.
A largo plazo, la tecnología de iones de sodio podría diversificar la producción global de baterías, reducir la dependencia de minerales críticos y permitir que cientos de millones de personas accedan a transporte eléctrico seguro y asequible. Mientras tanto, China consolida su ventaja industrial, combinando innovación, escala y recursos naturales para liderar la próxima generación de movilidad eléctrica.
