
Corea del Sur lucha contra la natalidad más baja del planeta. Con 0,72 hijos por mujer en 2023 y una población envejecida, el país ha visto cómo las clínicas de fertilidad experimentan un aumento sin precedentes. Entre 2018 y 2022, los tratamientos crecieron casi un 50 %, generando que uno de cada seis bebés en Seúl naciera con asistencia de fertilización in vitro.
Park Soo-in, de 35 años, describe cómo su enfoque en la carrera y largas jornadas laborales hicieron que la maternidad quedara en segundo plano. “Interactuar con hijos de amigos y ver a mi esposo involucrarse me dio confianza”, señala, explicando cómo finalmente recurrieron a la FIV cuando tuvieron dificultades para concebir.
La industria de la fertilidad no solo enfrenta la presión de la demanda: los costos son altos y varían según cada ciclo. Aun con subsidios estatales, las parejas deben cubrir gastos adicionales como suplementos y pruebas, lo que puede sumar miles de dólares. Jang Sae-ryeon, con 37 años, ha pasado por cinco ciclos de FIV, con un gasto aproximado de US$1.083 por ciclo, enfrentando también dificultades laborales al solicitar permisos.
Expertos señalan que esta tendencia refleja cambios culturales significativos. Sara Harper, de la Universidad de Oxford, explica que las nuevas generaciones buscan planificar su vida y maternidad, lo que incluye retrasar la concepción hasta estar financieramente estables o recurrir a tecnologías médicas. Este enfoque puede ayudar a revertir la caída poblacional si se mantiene en el tiempo.
El gobierno surcoreano amplió su apoyo a tratamientos de fertilidad como parte de su estrategia para aumentar la natalidad. Sin embargo, la combinación de presiones económicas, sociales y laborales sigue siendo un desafío para muchas parejas. La historia de Kim y Jang ilustra cómo la perseverancia, pese a obstáculos financieros y culturales, puede convertirse en un motor de esperanza en un país que necesita revertir su declive demográfico.
