
Aunque las noticias destacan fortunas récord y brechas crecientes, Daniel Waldenström considera que la desigualdad en el mundo occidental actual está lejos de los niveles que se observaban hace un siglo. Su investigación muestra que los ingresos y el bienestar general han mejorado significativamente, gracias a impuestos, subsidios y servicios públicos que favorecen la redistribución de recursos.
Waldenström advierte que enfocarse solo en los más ricos puede ser engañoso. “Los ingresos antes de impuestos son la medida más rudimentaria de la productividad”, explica. En cambio, recomienda mirar el acceso a educación, salud y servicios públicos, que permiten que los hogares de bajos ingresos mejoren su calidad de vida.
El economista usa la metáfora de una “escalera mecánica” para ilustrar el crecimiento económico: todos pueden subir, pero quienes no tienen acceso a la educación o a oportunidades permanecen rezagados. Su propuesta es clara: fortalecer la movilidad social y ofrecer igualdad de oportunidades, en lugar de centrarse en castigar a los exitosos. “Si queremos igualdad, deberíamos centrarnos en cómo impulsar a los de abajo, y no en desestabilizar a los de arriba”, concluye Waldenström.

