La pata del Elefante

Cuando niña Laura asistía con regularidad al circo y escuchaba que era sorprendente la valentía del domador de elefantes, en el circo.

Ella sólo miraba atenta, sin entender todavía con claridad el suceso. El domador podía poner una pelota que a ella le parecía enorme, pero que ante el elefante era pequeña y frágil.

Lo espectacular – escuchaba la niña- es que el domador ha conseguido que el elefante ponga su pata sobre la pelota y  no se caiga.

Pero lo verdaderamente sorprendente fue el momento en que el domador puso su cabeza en el piso para que el elefante depositara su pata sobre ella ¡Que valiente!, comentaban quienes nunca antes habían visto el espectáculo.

Después de muchos años, cuando Laura comenzó a ir a la Universidad, descubrió que lo que aprendió de niña acerca de la valentía del domador, en realidad era una virtud del elefante porque ahora sabe que los elefantes no determinan el paso que van a dar en función del paso que ya dieron, porque éste no les dice nada en realidad acerca del futuro paso. 

Cuándo el elefante va a dar un nuevo paso, tiene tres de sus cuatro patas apoyadas en el piso, pone una al aire y antes de depositarla en el terreno que pisará prueba para ver si lo sostendrá o no con todo su peso corporal, si no es así puede permanecer con la pata en el aire, depositarla en el punto donde antes la tenía o retrocede, hasta que encuentra el terreno que lo sostendrá. 

A cada paso, con cada pie hace lo mismo ya que  la ultima vez no le dice nada acerca de esta vez. Cada paso es diferente y nuevo, el paso anterior no dice nada con respecto al terreno por pisar, ni con respecto al paso siguiente.

Ahora Laura sabe que la valentía del domador estaba depositada en su conocimiento de la maravillosa capacidad de reconocimiento de los elefantes.

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