En reuniones familiares, con amigos o colegas, es común escuchar recomendaciones sobre qué medicamento tomar para el dolor de espalda, la acidez o una gripa fuerte. Pero lo que muchos no saben es que varios de esos medicamentos pueden dañar los riñones. En este artículo, te contamos cuáles son los más comunes y qué otros órganos también pueden verse afectados.
Analgésicos no esteroides (AINEs)
Medicamentos como ketorolaco, naproxeno, ibuprofeno, etoricoxib y dexketoprofeno se consiguen fácilmente y se anuncian en la televisión. Pero su uso frecuente o sin supervisión puede causar daños importantes al estómago, corazón y, sobre todo, al riñón.
En el estómago, disminuyen unas sustancias llamadas prostaglandinas que protegen la mucosa gástrica, lo que favorece la gastritis, sangrados y hasta úlceras. En los riñones, pueden provocar enfermedad renal crónica por alterar el flujo sanguíneo, retener líquidos y causar hipertensión. También pueden producir una reacción alérgica llamada nefritis intersticial aguda, que se manifiesta con dolor lumbar, náuseas, vómito y aumento de creatinina. Se trata retirando el fármaco, y en ocasiones, con corticoides como la prednisona.
¿Sabías que en 2004-2005 la FDA retiró rofecoxib y valdecoxib por aumentar el riesgo de infarto y embolia cerebral? Actualmente, el celecoxib es de los pocos de este tipo que siguen en el mercado, pero con advertencias especiales.
Protectores gástricos (Inhibidores de bomba de protones)
Después de una comida pesada o alcohol en exceso, muchos recurrimos al omeprazol, pantoprazol o esomeprazol. Aunque no dañan directamente al riñón, estudios publicados en JASN y BMJ han relacionado su uso con nefritis intersticial y con daño renal crónico.
Estos medicamentos también pueden alterar los niveles de calcio y magnesio, provocando calcificaciones renales. El problema es que muchos pacientes no presentan síntomas hasta que los análisis revelan una creatinina elevada. Además, su uso prolongado aumenta el riesgo de fracturas por osteoporosis, infecciones intestinales como Clostridioides difficile y anemia por falta de vitamina B12.
Antibióticos
No falta quien sugiere tomar antibióticos “por si acaso” ante una diarrea o una gripe. Pero ciertos antibióticos pueden afectar seriamente los riñones. Algunos causan nefritis intersticial aguda; otros provocan necrosis tubular aguda (NTA), que es la muerte temporal de células del riñón por daño a sus estructuras internas o falta de riego sanguíneo.
Por ejemplo:
– Amikacina y gentamicina, usados para infecciones graves, pueden causar toxicidad en las células renales. – Amoxicilina, ciprofloxacino y ceftriaxona se asocian con reacciones alérgicas que inflaman el riñón. – Aciclovir intravenoso, si se administra muy rápido, puede formar cristales que bloquean los túbulos renales.
Para minimizar estos efectos, se deben ajustar las dosis según la función renal, evitar otros medicamentos que dañen el riñón y mantener una buena hidratación. Además, el uso indiscriminado de antibióticos puede desequilibrar la flora intestinal y favorecer infecciones graves.
En resumen: automedicarse puede parecer práctico, pero los riesgos pueden ser altos y silenciosos. Siempre es mejor consultar a un médico, quien puede recetar el tratamiento más adecuado considerando tus antecedentes médicos. Cuidar tus riñones también es una forma de cuidar tu salud general.
