
En el corazón del sistema de justicia capitalino se vislumbra una mano alzada para restaurar el rumbo. La magistrada Celia Marín Sasaki se presenta con firmeza como candidata a dirigir el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJCDMX), sosteniendo que el organismo se encuentra sumido en severos problemas de corrupción, nepotismo, venta de plazas y rezagos procesales. Su diagnóstico es grave; su propuesta, ambiciosa.
Con dieciocho años como jueza penal y catorce como magistrada, Marín Sasaki se ha colocado al frente de una candidatura que pretende quebrar un statu quo arraigado. Asegura conocer “perfectamente la institución”, y denuncia que el TSJCDMX opera bajo una lógica donde la reelección prolongada de su actual presidente, Rafael Guerra Álvarez, habría fomentado redes de poder y opacidad.

La urgencia de su planteamiento pasa por varios frentes: primero, revertir el rezago acumulado en miles de expedientes. Marín Sasaki señala que, debido a cierres de juzgados, suspensiones laborales y una carga de trabajo insostenible —en algunos casos se estima menos de cuatro jueces por cada 100 000 habitantes, muy por debajo del estándar de 17 que recomienda la Organización de las Naciones Unidas— la justicia queda atrapada en la lentitud.
Además, el contexto jurídico del TSJCDMX vive una transformación. El Congreso capitalino aprobó recientemente una reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial local que redistribuye facultades y plantea la renovación de la presidencia del órgano cada tres años. También crea nuevas instancias como el Órgano de Administración Judicial y el Tribunal de Disciplina Judicial, con la intención de profesionalizar y transparentar la administración judicial. Estas reformas colocan un marco legal que refuerza la argumentación de Marín Sasaki e imprime una urgencia institucional al relevo.

Un asunto que cobra particular peso en su discurso es la equidad de género. Desde 1988, el TSJCDMX no ha tenido a una mujer al frente de su presidencia, lo que, en palabras de la magistrada, evidencia un “último bastión patriarcal” dentro del órgano judicial. Su aspiración busca, por tanto, conjugar experiencia, perspectiva de género y renovación institucional.
Pero los retos son múltiples y complejos. Por un lado, la asimetría de fuerzas es evidente: la reelección de Guerra Álvarez lo posiciona con una ventaja administrativa, política y económica frente a quienes compiten por sucederlo. Marín Sasaki lo advierte como un obstáculo central para la equidad del proceso. Por otro lado, revertir el “efecto corrosivo” de las reelecciones prolongadas —que, en su diagnóstico, dieron pie a la venta de plazas y al nepotismo— exige no solo voluntad, sino mecanismos institucionales efectivos y vigilancia reforzada.

La reforma al Poder Judicial local representa una oportunidad. La nueva normativa obliga al presidente del TSJCDMX a abstenerse de presidir el pleno de elección si aspira a la reelección, lo que abre la puerta a una competencia más justa. Sin embargo, la historia reciente del tribunal, alguna vez considerado un referente en Latinoamérica según la magistrada, es de deterioro institucional. Esto implica que el simple cambio de liderazgos no bastará: se requiere un cambio de cultura jurídica, una digitalización eficiente de los procesos y una redistribución de cargas entre juzgados suficientes.
En sus palabras, Marín Sasaki plantea un desafío que va más allá de la presidencia: recuperar “la grandeza” de un tribunal que marcó tendencia. El objetivo es que el TSJCDMX vuelva a situarse como un referente de excelencia jurisdiccional, adaptado al siglo XXI, con instituciones transparentes, paritarias, eficientes y equitativas.
La contienda está abierta y la ciudadanía observa. Porque cuando un tribunal en la capital del país se ve obligado a admitir su retraso y a replantearse desde su raíz, no estamos ante un mero cambio administrativo: podría tratarse del inicio de una transformación profunda del sistema de justicia local. Y para ello, la figura de la magistrada Celia Marín Sasaki emerge como símbolo de renovación, aunque el terreno a conquistar es tan amplio como la ciudad misma.
