El gobierno federal anunció un incremento casi al doble del impuesto a bebidas azucaradas a partir de 2026, con el argumento de combatir la obesidad y la diabetes que aquejan a millones de mexicanos. El consumo de refrescos en México es de los más altos del mundo, con un promedio de 166 litros por persona al año, lo que ha colocado al país en los primeros lugares de sobrepeso y muertes vinculadas a la diabetes.
Mientras las autoridades defienden que este ajuste ayudará a reducir el consumo de azúcares, expertos en economía y salud pública mantienen opiniones encontradas. Algunos consideran que es un paso correcto para desincentivar el consumo excesivo, pero advierten que la medida será insuficiente si no se acompaña de campañas educativas, acceso a opciones saludables y mayor regulación en escuelas. Otros, en cambio, señalan que puede convertirse en una estrategia meramente recaudatoria si los recursos no se destinan de forma transparente a programas de prevención y atención médica.

