El sistema de salud mexicano enfrenta un problema crónico: la fragmentación institucional. Hoy, millones de personas reciben atención en esquemas distintos (IMSS, ISSSTE, Secretaría de Salud, servicios estatales, ISSFAM, SEDENA, SEMAR y privados), con poca coordinación entre ellos. Esto genera duplicidad de esfuerzos, falta de continuidad en tratamientos y un acceso desigual a servicios.
Frente a este reto, expertos en políticas públicas señalan que la salud digital podría ser la gran oportunidad. Iniciativas como la telemedicina, la historia clínica electrónica interoperable y el uso de inteligencia artificial para diagnóstico podrían acercar atención de calidad a comunidades rurales y reducir costos. Sin embargo, también advierten riesgos: falta de infraestructura tecnológica, desigualdad digital y vacíos regulatorios. “La digitalización no es solo cuestión de tecnología, sino de voluntad política, inversión y visión a largo plazo”, concluyen analistas. El futuro de la salud mexicana podría definirse en este terreno.

