La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer que la depresión se ha consolidado como la primera causa de discapacidad en México, afectando a más de 4 millones de personas. Este trastorno, que muchas veces pasa desapercibido, impacta directamente en la vida personal, laboral y social de quienes lo padecen, además de generar un alto costo en productividad y atención médica.
Los especialistas advierten que el problema principal no es únicamente la prevalencia de la depresión, sino que la mayoría de los casos no recibe un diagnóstico ni tratamiento adecuado. Factores como la falta de acceso a servicios de salud mental, los estigmas sociales y el desconocimiento de los síntomas provocan que las personas vivan con esta condición en silencio. Entre las señales de alerta más comunes se encuentran la tristeza persistente, la pérdida de interés en actividades cotidianas, alteraciones del sueño, cambios en el apetito y la dificultad para concentrarse.
En México, la salud mental sigue siendo un reto pendiente. De acuerdo con datos oficiales, el país destina menos del 2% de su presupuesto en salud a este rubro, cifra muy por debajo de lo recomendado internacionalmente. Ante ello, expertos piden implementar políticas públicas integrales que no solo se enfoquen en la atención clínica, sino también en la prevención: programas comunitarios, campañas de información, capacitación de personal médico general y acceso a terapias psicológicas y medicamentos a bajo costo.
La OMS advierte que, de no atenderse de forma prioritaria, la depresión podría incrementar aún más las tasas de discapacidad, ausentismo laboral y riesgo de suicidio. En este sentido, los especialistas recomiendan estar atentos a los signos, normalizar la búsqueda de ayuda profesional y fomentar espacios de acompañamiento y apoyo emocional.

