La otra cara de la adopción internacional en Corea del Sur

En 1975, Shin Kyung-ha, una niña de seis años de Cheongju, Corea del Sur, desapareció de su hogar. Una mujer la convenció de seguirla, asegurándole que su madre ya no la necesitaba. La pequeña terminó en un orfanato y meses después fue adoptada por una familia estadounidense en Virginia. Para su madre, Han Tae-soon, los años de búsqueda se convirtieron en una lucha incansable contra la incertidumbre y la desesperación.

Han recorrió el país, visitando comisarías y medios de comunicación, repartiendo folletos y participando en programas de televisión y radio. Tras 44 años, la madre logró reencontrarse con su hija en 2019, gracias a pruebas de ADN y a la ayuda de 325Kamra. El encuentro reveló, sin embargo, un profundo dolor: Kyung-ha creía que su madre la había abandonado.

El caso de Kyung-ha refleja un patrón sistemático. Entre 1960 y 1990, Corea del Sur facilitó la adopción internacional de miles de niños en condiciones que violaban los derechos humanos. Según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación del país, muchos menores fueron enviados al extranjero con identidades falsas, información familiar alterada y sin protección legal suficiente.

Kim Do-hyun, director de Root House, denuncia que estas adopciones equivalieron a «desaparición forzada». El gobierno surcoreano, afirma, permitió la creación de huérfanos para satisfacer la demanda internacional. La Ley de Adopción Especial de 2012 buscó poner orden, pero durante décadas los niños fueron tratados como mercancía y las familias sufrieron la culpa y la angustia de la separación.

Durante la década de 1980, más de 8.800 niños fueron adoptados internacionalmente en un solo año. Entre 1950 y 2022, se estima que más de 170.000 menores fueron enviados al extranjero. Las agencias privadas, operando con mínima supervisión estatal, cobraban altas tarifas y manipulaban documentos, atribuyendo identidades ficticias a los niños.

Hoy, Corea del Sur sigue siendo uno de los principales países que envía niños para adopción internacional. Investigadores y organizaciones de derechos humanos reclaman al Estado una disculpa oficial y medidas de reparación. Muchos de los adoptados buscan reconstruir lazos familiares y obtener justicia, enfrentando obstáculos legales y emocionales derivados de décadas de irregularidades.

Han Tae-soon, que finalmente recuperó a su hija, representa a miles de padres que aún esperan reunirse con sus hijos desaparecidos. Su historia expone el lado oscuro de la adopción internacional, recordando que cada niño perdido representa un trauma que trasciende generaciones.

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