Óxido nitroso: de anestesia dental a adicción letal

El consumo recreativo del óxido nitroso, también llamado “gas de la risa”, ha crecido de forma preocupante en Estados Unidos, impulsado por envases atractivos y accesibles en tiendas de vapeo. Lo que antes se usaba en procedimientos dentales o en la cocina, ahora se ha convertido en una droga legal que provoca euforia, dependencia y, en casos extremos, la muerte.

Meg Caldwell, experta equitadora y menor de cuatro hermanas, comenzó a usar el gas durante la universidad. Durante la pandemia, su consumo diario escaló hasta generar problemas físicos graves: pérdida temporal de movilidad en las piernas, incontinencia y daño nervioso por deficiencia de vitamina B12. A pesar de ello, Meg continuó adquiriéndolo en tiendas legales, hasta que murió frente a uno de esos locales en noviembre pasado.

El consumo de óxido nitroso ha crecido exponencialmente: el reporte anual de America’s Poison Centers indica un aumento del 58% en inhalaciones intencionales en los últimos dos años, mientras que la FDA y los CDC alertan sobre riesgos graves, incluyendo parálisis, daño neurológico y muerte por hipoxia. La sustancia se vende legalmente en la mayoría de los estados, salvo en Louisiana, y compañías como Galaxy Gas y Miami Magic continúan promoviendo su uso culinario, incluso con recetas y envases llamativos que atraen a jóvenes.

Redes sociales y cultura popular han acelerado la tendencia. Videos virales, transmisiones en Twitch y menciones en canciones de artistas como Ye han normalizado la inhalación recreativa del gas, generando fenómenos de presión entre amigos y grupos juveniles. Aunque la FDA ha emitido alertas y TikTok ha bloqueado términos de búsqueda asociados al gas, expertos advierten que la regulación actual sigue siendo insuficiente.

Casos como el de Marissa Politte, técnica de radiología que murió en 2023 tras un accidente relacionado con el gas, han llevado a demandas multimillonarias contra distribuidoras, dejando en evidencia los riesgos de un producto legalizado pero mal utilizado. La facilidad de adquisición, el atractivo visual de los envases y la percepción de legalidad han creado una receta peligrosa: un gas que hace reír, pero que puede matar.

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