
La idea de Pac-Man surgió de un momento tan simple como una pizza. Toru Iwatani, su creador, vio la forma de una boca en un trozo triangular y diseñó un personaje que debía comer puntos mientras esquivaba a los fantasmas Blinky, Pinky, Inky y Clyde. Lo que parecía un juego simple se convirtió en un fenómeno global que rompió con la idea de que los videojuegos eran solo para hombres.
Pac-Man se convirtió en un ícono universal gracias a su jugabilidad intuitiva, sus laberintos cambiantes y su atractivo diseño inspirado en el wabi-sabi japonés, que celebra la belleza de la simplicidad. Además, científicos han usado el juego para estudiar el comportamiento humano y animal, revelando cómo los jugadores planifican estrategias, reaccionan ante el miedo y toman decisiones.
Hoy, con franquicias millonarias y relanzamientos como Laberinto de Sombras, Pac-Man sigue vigente. Su éxito no solo se mide en ingresos o popularidad, sino también en su capacidad de conectar generaciones, evocando la cultura de las salas de arcade de los años 80 y manteniendo viva la nostalgia de quienes aprendieron a enfrentar sus fantasmas, un laberinto a la vez.
