
En la madrugada del 14 de septiembre de 2019, el Palacio de Blenheim, en Woodstock, Inglaterra, fue escenario de uno de los robos más extravagantes y mediáticos de los últimos años: la desaparición de un inodoro de oro macizo de 18 quilates, valorado en más de 6 millones de dólares.
La obra, titulada América y creada por el artista conceptual italiano Maurizio Cattelan, había sido instalada apenas dos días antes como parte de una exposición temporal. Aunque muchos lo veían como una pieza excéntrica, su valor artístico y material lo convirtió en un blanco irresistible para los ladrones.
El golpe en cinco minutos
El robo fue tan rápido como audaz. Cinco hombres irrumpieron en el palacio y, en cuestión de minutos, desmontaron el sanitario de 98 kilos para huir en un Volkswagen Golf robado. Eleanor Paice, supervisora del personal, presenció los últimos segundos del atraco sin comprender en ese momento lo que ocurría.
La magnitud del delito solo se reveló cuando la policía y el personal inspeccionaron el lugar. El director ejecutivo del palacio, Dominic Hare, recibió la llamada que nadie quería contestar: “Dom, nos robaron”. Lo que en un principio parecía increíble se convirtió en una dura realidad.
Una escena convertida en atracción
Pese a la indignación, Blenheim supo capitalizar el incidente. El cubículo vacío, rodeado de cinta policial, se convirtió en parte de la exposición, atrayendo multitudes curiosas que querían ver “el lugar del crimen” más que la propia obra de arte. El eco mediático fue enorme, con bromas, titulares sarcásticos y hasta debates sobre la fragilidad de la seguridad en los museos.
Fallas que costaron millones
Las investigaciones revelaron graves descuidos. No había cámaras vigilando directamente el área, las patrullas eran mínimas y las puertas podían forzarse con facilidad. Para colmo, el propio fundador de la Fundación de Arte de Blenheim había declarado semanas antes que el inodoro “no sería fácil de robar” por estar conectado al sistema de agua.
El error de cálculo fue evidente. Tres de los responsables, James Sheen, Michael Jones y Fred Doe, fueron condenados años después, mientras que el oro robado nunca apareció.
Un recuerdo incómodo pero inolvidable
Hoy, el Palacio de Blenheim cuenta con estrictas medidas de seguridad y su personal asegura que ya no son vulnerables. Sin embargo, el robo sigue siendo parte de la memoria colectiva del lugar.
Como señala Hare, quizá dentro de un siglo los guías del palacio contarán esta historia con la misma fuerza con la que narran batallas y anécdotas de Churchill. Un inodoro convertido en leyenda.
