Este martes 12 de agosto, el gobierno mexicano ejecutó la extradición de 26 presuntos líderes de cárteles a Estados Unidos, como parte de un acuerdo de cooperación bilateral reforzado en materia de seguridad. Entre los entregados se encuentran figuras de alto rango del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cártel de Sinaloa y los Caballeros Templarios. La administración estadounidense, para facilitar el proceso, se comprometió a no solicitar la pena de muerte en ninguno de los casos.
Se trata de la segunda operación masiva de este tipo en lo que va del año, después de que en abril fueran enviados 29 sospechosos a territorio estadounidense. La estrategia de extradición se perfila como uno de los ejes centrales del gobierno de Claudia Sheinbaum para consolidar la cooperación internacional sin ceder a presiones de intervención directa.

El contexto es clave: la presión ejercida por EE. UU. ha incluido advertencias de sanciones comerciales e incluso propuestas legislativas para permitir acciones militares contra el narcotráfico en México. Pese a ello, la postura oficial mexicana sigue siendo clara: cooperación sí, intervención no.
Este movimiento fortalece la imagen de México como socio confiable en seguridad y justicia, pero también refuerza su compromiso con la defensa de su soberanía, equilibrando diplomacia y firmeza.

