En las grandes ciudades de México, especialmente en la Ciudad de México, los perros enfrentan una amenaza que pocas veces se menciona: el hacinamiento canino.
Lejos de ser solo un problema de espacio, esta situación es el resultado de la sobrepoblación de mascotas, la falta de planeación urbana y la ausencia de políticas públicas efectivas para garantizar el bienestar animal.

El hacinamiento no solo provoca estrés y ansiedad en los perros, sino que también deriva en problemas de salud, agresividad y menor esperanza de vida. Además, la saturación de animales en zonas urbanas impacta directamente en la salud humana, aumentando el riesgo de transmisión de enfermedades y generando conflictos en la convivencia comunitaria.
Las consecuencias también se sienten en el entorno: daños al mobiliario urbano, incremento de perros callejeros y una sobrecarga para los refugios y protectoras, que trabajan sin descanso y con recursos limitados.
Expertos y activistas insisten en que la solución pasa por la esterilización masiva, campañas de adopción responsable, educación ciudadana y un rediseño de los espacios públicos para que humanos y animales puedan convivir de manera sana y segura.
La crisis está sobre la mesa. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a actuar?
