¿De verdad empezamos a dejar los fósiles… o solo aprendimos a decirlo bonito?

Terminó la COP28 en Dubái, y con ella una de las declaraciones más esperadas —y tal vez más ambiguas— en la historia de las cumbres climáticas: por primera vez, casi 200 países acordaron transitar lejos de los combustibles fósiles.

Y sí, eso suena grande. Suena histórico. Pero también suena… vago.
Porque mientras el lenguaje intenta ser progresista, muchos se preguntan si esto es el inicio de una transformación real o solo una maniobra diplomática con palabras suaves y promesas sin fecha.

¿Qué dijeron?

Se habló de:

  • Triplicar la capacidad de energías renovables para 2030.
  • Duplicar la eficiencia energética.
  • Activar un fondo para pérdidas y daños en países vulnerables.

También se mencionó que el mundo debe “alejarse progresivamente de los combustibles fósiles”. Pero no se habló de eliminarlos, ni se fijaron plazos concretos.

Entonces… ¿realmente se dio un paso adelante o solo se aprendió a maquillar la inacción?

Lo bueno (porque sí hay cosas buenas)

✔ Por fin se nombraron directamente a los combustibles fósiles como responsables del cambio climático.
✔ Se logró una evaluación global del avance hacia el Acuerdo de París (el famoso Global Stocktake).
✔ Hubo participación del sector privado con compromisos de inversión en transición energética.

Todo eso importa. Pero no es suficiente.

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