Entre 2011 y 2022, México ha ocupado un lamentable primer lugar en una problemática que pone en grave riesgo a la biodiversidad nacional: el tráfico ilegal de partes de felinos a través de internet. Un estudio reciente revela que nuestro país representa el 87 % de la demanda local de productos derivados de estos animales, como garras, pieles y colmillos.

El jaguar —una de las especies más emblemáticas y amenazadas de América— es la principal víctima de este comercio ilícito, involucrado en el 59 % de los casos registrados. En total, se estima que el mercado ilegal de partes de felinos generó cerca de 2 millones de dólares en una década.
Esta actividad, además de violar leyes ambientales y de conservación, tiene implicaciones éticas profundas. Muchas de estas transacciones ocurren en redes sociales y plataformas digitales, lo que dificulta su control y facilita su expansión.
La pérdida de biodiversidad no solo es una tragedia ecológica, sino también cultural: el jaguar es un símbolo ancestral en muchas comunidades mexicanas. Urge reforzar la vigilancia digital, aplicar sanciones efectivas y, sobre todo, fomentar la educación ambiental para erradicar la demanda.
Porque proteger a nuestros felinos es proteger el equilibrio de nuestros ecosistemas.
