Por: Renato Consuegra

La economía mexicana enfrenta una clara desaceleración como lo ha manifestado el Banco Mundial, que proyecta un estancamiento del crecimiento del PIB en 2025, con una recuperación lenta hasta 2027. A esto se suma un aumento reciente en la inflación —empujada por los precios agropecuarios— que erosiona el poder adquisitivo de los hogares, por lo que en este entorno, las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs), que conforman más del 90% del tejido empresarial del país, están en una situación crítica: si no se adaptan rápidamente, muchas podrían no sobrevivir al próximo ciclo económico.
Las soluciones tradicionales —como digitalización o educación financiera— han demostrado ser útiles, pero hoy se requieren medidas más creativas y urgentes como, por ejemplo, la economía circular local: compartir insumos, transporte o incluso energía con otras empresas puede reducir costos de forma tangible, ya que en comunidades industriales o barrios urbanos, las MiPyMEs pueden crear sinergias reales que sustituyan a programas públicos ausentes o desactualizados.
También es momento de mirar hacia la economía informal digital donde muchas MiPyMEs ya venden en redes sociales, hacen dropshipping o monetizan contenido, aunque sin un marco claro. Legal o no, esta es hoy una vía real de ingreso que no debe despreciarse y, lo importante, es hacerlo con estrategia: desde vender a través de TikTok hasta ofrecer servicios freelance en plataformas internacionales, los pequeños negocios deben pensar fuera del mercado físico.
El acceso al financiamiento sigue siendo un muro, pero hay grietas: nuevas plataformas de crowdfunding regulado y tokenización de activos permiten a empresas pequeñas acceder a recursos sin pasar por la banca tradicional. Aunque son todavía poco conocidos, estos mecanismos representan una oportunidad de independencia financiera para quienes sepan aprovecharlos y no se trata de apostar a las criptomonedas, sino de entender cómo el blockchain puede ser una herramienta de financiamiento real.
En un contexto de nearshoring, muchas empresas creen que solo las grandes podrán integrarse a las cadenas globales y esto también es un error. Las MiPyMEs pueden insertarse en la cadena corta: empaques, logística, servicios técnicos o incluso limpieza industrial son nichos con alta demanda. El reto es identificar esas oportunidades y presentarse como aliados confiables, aunque se trate de un negocio pequeño o local.
Otra ruta prometedora es la internacionalización vía e-commerce para vender en plataformas como Amazon, Etsy o Shopify, las cuales permiten que productos mexicanos lleguen a consumidores de Estados Unidos o Canadá, mercados más estables que el nacional. El T-MEC y las herramientas logísticas digitales han reducido las barreras de entrada y ya no es necesario tener una bodega en Texas para exportar a Texas.
Finalmente, las MiPyMEs deben entender que ya no basta con “sobrevivir”. En un entorno donde el Estado tiene poco margen fiscal y el consumo interno cae, la reinvención es una obligación. Al respecto, no se trata de esperar apoyo, sino de usar inteligencia, colaboración y tecnología para hackear el sistema y porque resistir, hoy, ya no es suficiente: hay que transformarse para seguir existiendo.
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