Por: Dr. Raúl Zenteno Langle

Es común que los pacientes pregunten: “Doctor, creo que me duelen los riñones, ¿me
puede revisar?” En respuesta rápida a esta consulta, el dolor en la zona lumbar se conoce
como lumbalgia. Generalmente, el 85% de las lumbalgias son causadas por problemas no
específicos y no graves, usualmente relacionados con alteraciones musculares que
tienden a autolimitarse con el tiempo. No obstante, el 15% de los casos pueden tener
causas graves de múltiples orígenes como fracturas vertebrales, compresiones radiculares,
aneurismas de grandes vasos sanguíneos (como la aorta), prostatitis, pancreatitis y
patologías renales. Las causas renales incluyen infecciones urinarias complicadas
(pielonefritis), inflamación aguda del riñón (nefritis túbulo intersticial) y cálculos renales. La
presencia de cálculos renales puede ser indicativa de una enfermedad sistémica o un
problema de salud mayor.
¿Qué son los cálculos renales? ¿Por qué pueden ser la punta del iceberg de una
enfermedad más compleja? ¿Cómo se presentan y cómo se diagnostican? A continuación,
se explican estos aspectos.
¿Qué son los cálculos renales?
Los cálculos renales están formados por distintos tipos de cristales, tales como oxalato de
calcio, ácido úrico y estruvita. La incidencia de cálculos renales ha aumentado un 8.8%
debido al cambio climático. Aproximadamente el 19% de los hombres y el 9% de las
mujeres presentarán cálculos renales a los 70 años, y entre el 10% y el 30% experimentarán
recurrencia dentro de los 3 a 5 años posteriores al diagnóstico. En México, una encuesta
realizada por el IMSS reportó una prevalencia de 2.4 por cada 10,000 habitantes, siendo
Yucatán el estado con mayor frecuencia.
Estos se forman por una interrupción en el equilibrio entre la solubilidad y la precipitación
de sales en el tracto urinario. Para que esto ocurra, es necesaria una saturación de la orina,
es decir, una cantidad excesiva de soluto que no se pueda disolver en la orina y, por lo tanto,
se cristalice debido a la presencia de sustancias promotoras o a la ausencia de sustancias
inhibidoras. Las sustancias promotoras o exceso de solutos pueden ser la sal, oxalatos,
ácido úrico y calcio, mientras que la ausencia de sustancias inhibitorias puede deberse al
consumo muy bajo de agua o la falta de citratos en la orina. Por lo tanto, esto puede estar
relacionado con hábitos alimenticios o enfermedades que favorezcan la acumulación de
estos solutos en la orina y/o la ausencia de sustancias inhibitorias que eviten su formación.
Cálculos renales: la punta del iceberg a un problema de salud
La formación de litos puede estar relacionada con ciertos hábitos de los pacientes, como
una alta ingesta de productos procesados con grandes cantidades de sal, una baja ingesta
de agua natural, un alto consumo de alcohol y refrescos, consumo de suplementos de
calcio en ayunas, y una baja ingesta de frutas y verduras, lo cual aumenta la excreción de
calcio en la orina. Por otro lado, un cuadro de litiasis renal puede ser el primer indicio para
identificar otras enfermedades sistémicas de mayor riesgo. Entre las condiciones
asociadas se encuentran la obesidad, hipertensión arterial sistémica, diabetes mellitus
tipo 2, gota, hiperparatiroidismo primario, Síndrome de Sjögren y enfermedades genéticas
como la poliquistosis renal o con herencia familiar.
Estos factores pueden explicarse de la siguiente manera:
Hipertensión arterial sistémica: Asociada a una mayor sobresaturación de calcio y ácido
úrico en la orina, con menor excreción de citrato.
Obesidad: Aunque el mecanismo no es completamente comprendido, se sugiere que la
sobresaturación de ácido úrico en la orina juega un papel importante.
Diabetes Mellitus tipo 2: Se observa una mayor excreción de calcio en la orina, junto con
la presencia de pH muy ácido, lo cual facilita la precipitación de ácido úrico.
Hiperparatiroidismo primario: Caracterizado por la hiperfunción de las glándulas
paratiroideas, que regulan el nivel de calcio en la sangre. Su hiperfuncionamiento aumenta
el nivel de calcio en sangre continuamente, incrementando su filtración renal y facilitando
la precipitación de cristales de calcio en la orina.
Síndrome de Sjögren: Esta enfermedad autoinmune afecta principalmente a las glándulas
salivales y otros órganos, incluyendo los riñones. Una de las alteraciones renales involucra
la disfunción de bombas responsables de mantener la acidez normal en la orina. Su mal
funcionamiento puede provocar que la orina se vuelva alcalina, favoreciendo la
precipitación de sales de fosfato de calcio.
¿Como se diagnostican y se tratan?
Los síntomas que el paciente refiere incluyen dolor lumbar intenso, progresivo o súbito, que
puede irradiarse hacia el abdomen y/o área genital, acompañado de náuseas, vómito y
escalofríos. En los exámenes de laboratorio se puede detectar microhematuria (sangre en
orina no visible), leucocitosis en la biometría hemática si existe infección concomitante de
vías urinarias, y elevación de creatinina si el lito está obstruyendo el uréter del riñón
afectado. En estudios de imagen, el ultrasonido y la urotomografía permiten confirmar el
diagnóstico.
El tratamiento en la fase aguda requiere hidratación, analgesia y un enfoque
multidisciplinario con el urólogo para evaluar la necesidad de intervención quirúrgica para
la extracción del lito, dado que a mayor tamaño del lito, menor es la probabilidad de
expulsión espontánea. Posteriormente, resuelto el cuadro agudo, se analiza la etiología del
lito para prevenir recurrencias.
La presencia de un lito no solo representa la existencia de cálculos en el tracto urinario que
deben ser tratados para aliviar los síntomas del paciente, sino también puede indicar
hábitos alimenticios inadecuados y la posible presencia de enfermedades sistémicas
subyacentes que requieren tratamiento. Un lito no es simplemente un cristal, sino la punta
del iceberg de un problema de salud más complejo que debe ser abordado.