Psicología

Por: Josafat Tapia Castillo

Dos hombres ocupaban la misma habitación de un hospital, ambos estaban muy enfermos.

A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el liquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. 

El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba mirando el techo y no tenía permitido sentarse en la cama. 

Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones…

Cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver a través de la ventana. 

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior. 

La ventana daba a un parque con un precioso lago, patos y cisnes que jugaban en  el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia  una bella vista de la línea de la ciudad. El hombre de la ventana describía todo eso con un detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando; aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la  ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron días y semanas en las que compartieron la habitación, las tardes y la amena charla. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose con el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto placidamente mientras dormía. 

Se lleno de pesar y llamó a los camilleros del hospital, para llevarse el cuerpo. El otro hombre se entristeció por la muerte de su compañero y por la ausencia de esas maravillosas tardes.

Pasado un tiempo, tan pronto como lo considero apropiado y encontrarse en mejores condiciones, pidió ser trasladado a la cama que había ocupado su compañero de cuarto, al lado de la ventana. 

La enfermera le cambio encantada y tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación. Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior.

¡Por fin tendría la alegría de verlo él mismo!

Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana, pero se encontró con una pared blanca. El hombre preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a la gente del hospital para poner una pared frente a la ventana habiendo tenido tan maravillosa vista hacia el parque.

La enfermera le comentó que no había ningún parque en esa dirección, ni en algún punto cercano del hospital, y que la pared blanca estaba ahí desde que el hospital fue construido. El hombre respondió que su compañero de habitación recién muerto, le describía todas las tardes el hermoso paisaje que veía a través de la ventana y la gente que visitaba el parque .

La enfermera le dijo entonces que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni siquiera la pared, salió de la habitación y lo dejó sólo con su desconcierto.

Noticias recientes

Related articles

¿Tienes un evento social en puerta?

spot_imgspot_img