¿Por qué sentimos que los años pasan más rápido a medida que envejecemos?

Por Sofia Swindall

La sensación de que los años pasan más rápido es un fenómeno común que tiene raíces biológicas y psicológicas. Nuestro cerebro, la rutina diaria y la manera en que procesamos las experiencias desempeñan un papel clave en esta percepción.

El cerebro humano utiliza un neurotransmisor llamado dopamina para regular nuestro “reloj interno”. La dopamina está estrechamente vinculada con la percepción del tiempo, la atención y el registro de eventos nuevos. Durante la infancia y juventud, los niveles de dopamina son altos, lo que permite experimentar cada evento con intensidad. Esto hace que los días y años parezcan más largos debido a la cantidad de recuerdos significativos que se generan.

Sin embargo, con el paso de los años, la producción de dopamina disminuye. Esto afecta cómo procesamos las experiencias cotidianas, especialmente aquellas que no son novedosas o emocionalmente relevantes. En la adultez, los días tienden a ser más uniformes, y las experiencias nuevas se vuelven menos frecuentes, lo que contribuye a que el tiempo parezca pasar más rápido.

Durante la infancia y adolescencia, la vida está llena de primeras experiencias: el primer día de escuela, unas vacaciones inolvidables o el descubrimiento de un nuevo pasatiempo. Estas vivencias generan recuerdos detallados porque requieren más atención consciente. En contraste, la adultez suele estar marcada por rutinas predecibles como trabajar, lidiar con el tráfico y realizar las mismas tareas todos los días.

Esta repetitividad pone al cerebro en “piloto automático”, lo que reduce la cantidad de recuerdos significativos que se forman. Al mirar atrás, los días parecen carecer de hitos importantes, lo que refuerza la sensación de que el tiempo vuela.

El filósofo Paul Janet propuso que la percepción del tiempo está influida por la proporción que un período representa en relación con nuestra vida total. Por ejemplo, para un niño de 10 años, un año equivale al 10 % de su existencia, mientras que para un adulto de 40 años, un año representa solo el 2.5 %. Esta diferencia hace que los años se sientan más cortos a medida que envejecemos.

De manera similar, el filósofo William James afirmó que la acumulación de experiencia hace que los intervalos de tiempo parezcan más pequeños en comparación con la totalidad de nuestra vida. Este concepto puede ayudar a entender por qué la percepción del tiempo cambia tanto con la edad.

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