Recesión sexual: ¿Por qué disminuye el deseo íntimo?

En una entrevista con la sexóloga Ana Laura Rosas, abordamos un tema que ha ido ganando relevancia en los últimos años: la recesión sexual. Este fenómeno se refiere a la disminución en la frecuencia de encuentros íntimos y la participación en actividades sexuales, un comportamiento que no necesariamente indica un problema de salud, sino un cambio en las prioridades y dinámicas de vida.

Cuando somos adolescentes, la necesidad de explorar nuestra sexualidad suele estar llena de urgencia y curiosidad. Sin embargo, con el paso de los años, especialmente cuando superamos los 20, el deseo de mantener encuentros íntimos puede disminuir. Ana Laura Rosas señala que este fenómeno puede ocurrir en dos escenarios comunes. El primero se presenta cuando estamos en pareja; lo que antes era una actividad constante y apasionada puede volverse cada vez menos frecuente, dado que la rutina y otros aspectos de la vida en pareja toman protagonismo. El segundo escenario ocurre en solitarios, cuando la falta de una pareja estable lleva a una sensación de apatía o “pereza” sexual, lo que también contribuye a la recesión.

Este fenómeno no debe interpretarse necesariamente como un problema de salud o insatisfacción, sino como una reorientación de las prioridades personales. Muchas veces, otras actividades —como el trabajo, los estudios, o incluso el bienestar personal— empiezan a ocupar más espacio en nuestra vida, lo que disminuye el tiempo dedicado al sexo. En una relación de pareja, todo lo demás tiende a volverse más prioritario, mientras que el sexo pasa a un segundo plano, generando lo que podría describirse como una “pausa” en la vida sexual de la pareja.

Un factor clave que está acelerando esta disminución del deseo sexual es el impacto de la tecnología en nuestra vida cotidiana. Las plataformas digitales y las conexiones virtuales están cambiando nuestra manera de relacionarnos, tanto emocional como sexualmente. La sexóloga destaca que muchas personas optan por establecer vínculos emocionales y sexuales a través de la tecnología, en lugar de interactuar físicamente. Las relaciones cibernéticas, aunque pueden ofrecer satisfacción a nivel emocional y erótico, no sustituyen la interacción física, y esto puede contribuir a la recesión sexual.

Si bien la tecnología ha facilitado el acceso a experiencias sexuales autoeróticas y conexiones en línea, el riesgo es que se reemplace la interacción física, creando una desconexión que afecta la libido y la energía sexual, especialmente en contextos de pareja. Esto puede ser un factor determinante para que muchas personas lleguen a experimentar una disminución en el deseo de tener relaciones sexuales, generando una “pausa” en su vida sexual, pero no necesariamente por una falta de atracción, sino debido a la reconfiguración de sus prioridades emocionales y sociales.

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